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jueves, 28 de febrero de 2013

"Una tarde aburrida"


Una tarde aburrida”


Una tarde cualquiera en el viejo oeste americano. Corría el año 1834. Localidad, el pequeño pueblo de Lookerville. El viejo Jones el desdentado estaba sentado en la mecedora de su porche. Cantando Kentucky Waltz con su banjo maltratado por el tiempo y el uso. Jones canta con cierto llanto alegre en su voz. La tarde es calurosa y seca en julio.

Bill coge su caballo “Blakie”. Un caballo fuerte y rápido. Al que Bill le tiene un cariño especial. Se dirige a “Modtown” en busca de una medicina para su hermana Jessica. Ella tiene una enfermedad que le impide llevar una vida normal. Necesita tomar esa medicina para poder caminar ya que jugar como los demás niños de siete años le es imposible.

La señora Rose Carter ha hecho tarta de manzana y la ha puesto a enfriar en la ventana. Unas tartas excelentes. Los jóvenes Josh y Jebb la han visto y se van corriendo hacia la casa de la señora Rose. Posicionándose debajo de la ventana y la que en un rato será su tarta de manzana. Todos los muchachos del pueblo le han robado en algún momento una tarta a la señora Rose. De hecho, seguro que ella las hace con esa intención. Es una buena señora. Solitaria y viuda. Siempre se preocupa por los demás y le encanta dar cosas a los demás. Algo que siempre enfadaba a su difunto marido Anthony el loco. Realmente no estaba loco, solo que era demasiado valiente. Ayudante del sheriff Jim. Todos sabían en el pueblo que en poco tiempo sería el sucesor de Jim. Él ya no está para ese puesto. Sus huesos se resienten, su espalda le tortura a cada movimiento. Sus manos ya no aguantan su revolver como antaño. Cuando era joven era el más rápido desenfundando y disparando. Con una puntería excelente. Siempre ganaba en los juegos de tiro del pueblo. Además de tener ese olfato de policía que solo tiene un hombre en cada generación.

Los jóvenes Josh y Jebb ya han cogido la tarta y se van corriendo. La señora Rose los ha visto desde la ventana y sonríe. Una gran señora. Los dos jóvenes de quince y trece años ya están debajo del viejo árbol comiéndose lo que hace un rato era una tarta. Con los estómagos llenos y con toda una tarde de verano por delante. Josh le dice a Jebb que se vayan a la colina a disparar un rato. Tiene ganas de disparar. Jebb sabe donde guarda su padre el Winchester. En lo alto del armario de su habitación y las balas están en la bodega.

Bill llega a Modtown con Blakie su caballo y entra en la consulta del médico local. El doctor Haffner, de origen europeo. El mejor doctor que se pueda imaginar. Siempre acierta en los diagnósticos, estudioso y defensor de las medicinas modernas. Prepara sus propias medicinas. Gracias a sus brebajes, Jessica puede andar. Se desconoce con que los hace pero tiene para todo tipo de dolencias. El doctor Haffner saluda a Bill y le pregunta qué tal va Jessica. Bill le dice que bastante bien solo que necesita la medicina porque ha empezado uno de los ataques. El doctor Haffner cambia su cara alegre por una con cierta preocupación. En vez de darle el brebaje azul le da uno negro y le dice que le dé este mejor. Es una receta que diseño nueva y que funcionará más rápido y con más duración. En definitiva, mejor que la anterior. Bill le paga la mitad del precio, Haffner le dice que no se preocupe que se lo deja a ese precio menos uno. Un hombre nunca debe ir por ahí sin dinero. Bill sonríe y le da las gracias. Sin perder más tiempo sale de la consulta, se monta en Blakie y se pone en marcha por el camino muerto.

El camino muerto recibe su nombre por estar entre dos montañas y totalmente despoblado de vegetación. Algún cactus y pequeñas plantas nacen aisladas de vez en cuando pero siempre terminan muriendo al poco tiempo.

Los jóvenes Josh y Jebb se han ido con el winchester a la colina del armadillo. Una colina rocosa. En frente está la colina del zorro. Justo entre las dos en la zona baja pasa el camino muerto atravesando las dos colinas. Jebb carga el rifle y apunta a un cactus. Su boca interpreta el clásico “piungg” que hacen los rifles al disparar pero no ha apretado el gatillo. Josh se ríe de él por no ser capaz de disparar. Josh es el mayor de los dos. Coge el rifle y apunta al mismo cactus. Él si que dispara. El cactus se parte en varios trozos desparramándose por el suelo. A lo lejos se divisa un jinete y Josh lo ha visto. Josh apunta con su rifle al pecho del jinete. Jebb le pregunta “¿qué se sentirá al disparar a un hombre?”. Josh escucha una conversación pasada de su abuelo en la que decía que para disparar a un hombre solo hay que respirar despacio, concentrarse y apretar el gatillo. La bala hará el resto.

El rifle se disparó sin apenas apretar el gatillo. El ángel de la muerte había ejecutado la acción. El jinete se cayó al suelo y el caballo siguió corriendo. El joven Josh se queda paralizado mientras Jebb comienza a gritar diciendo “¡¡Lo has matado, lo has matado!!”. Jebb se marcha corriendo en dirección a su casa. El joven Josh se queda solo, petrificado, con ganas de ser él, el muerto y así no tener que enfrentarse a su padre cuando se entere de lo que ha hecho. Josh se marcha a su casa tirando el rifle al suelo. Al llegar entra en su cuarto cerrando la puerta. Se tira en su cama y comienza a llorar.

A las pocas horas el sheriff Jim llega a casa de Josh y le cuenta a sus padres lo que ha pasado. El joven Jebb lo ha confesado. El padre de Josh grita desesperado golpeando las paredes por la rabia y la impotencia. La madre de Josh comienza a llorar y le pregunta al sheriff Jim a quién ha matado. El sheriff Jim se quita su sombrero y le dice que ha matado a Bill, cuando iba a por una medicina, a Modtown, para su hermana. Los padres de josh lloran desconsoladamente. Bill era un joven muy querido por todos. El sheriff Jim le dice al padre de Josh que esta vez no podrá hacer nada y que tendrá que juzgarlo. El pueblo pedirá que se equilibre el daño. La madre de Josh eleva el llanto y el padre de Josh maldice y se cae de rodillas. Josh hace aparición, bajando por las escaleras. Con lágrimas en sus ojos rojos y una cara desencajada.

“¿Por qué lo has hecho?”, le preguntó el sheriff Jim a Josh. “¿Por qué lo has hecho?”. El joven Josh solo pudo responder “No lo sé”. Sus palabras quebradas y vueltas a una infancia que parecía haber querido dejar atrás. Corrió a su madre quien le abrazó llorando. Su padre los abrazó a los dos en un cúmulo de dolor y rabia. Los tres lloraban desconsolados, con tanto dolor que el sheriff Jim soltó una lágrima. Se armó de valor y dijo “Tengo que llevármelo”. Los tres comenzaron a gritar mientras el sheriff Jim se llevaba al joven a comisaría.

El joven Josh permanece a la espera sentado en su cama de celda mirando a la pequeña ventana. Como entra el sol a través de ella. Puede escuchar el murmullo de la gente y de como los guardias acompañando al sheriff Jim se van acercando. No ha pasado ni un solo segundo durante los quince días que estuvo en prisión, en el que no pensara en Bill y en como le había quitado su vida. Todas las noche regresaba a él en sueños, haciéndole compañía en prisión. Diciéndole que no se preocupara que el iría a buscarlo en el momento de su ejecución.

El sheriff Jim llegó y le dijo a Josh que se pusiera en pie, que el momento había llegado. “Lo siento mucho chico pero no puedo hacer nada. Nunca debiste jugar con el winchester”. Palabras que se clavaron el el corazón del joven Josh, recordándole el momento del disparo. Al salir de la prisión y al subir al carro blindado en dirección al árbol de la justicia. Todo el pueblo pedía su cabeza. El camino se hizo eterno, los guardias le miraban en el carro como si fuera el mayor villano del pueblo. El sheriff Jim era el único que intentaba mantener el tipo con aspecto de duro pero los años le habían hecho blando y comprensivo. Si por él fuera no castigaría al joven Josh. El solo ya se había castigado teniendo que soportar el peso de un muerto el resto de su vida y todo por saber que se siente al matar a un hombre.

Al llegar al árbol de la justicia el joven Josh pudo contemplar como una soga colgaba de una de sus ramas. Una soga que llevaba su nombre escrito en sangre. En sangre de Bill. Una vez la soga pasó por su cabeza el joven Josh comenzó a llorar y entre llantos le pidió al sheriff Jim que le dejara pronunciar unas palabras. El sheriff Jim hizo que todo el mundo guardara silencio y le permitieran despedirse al muchacho. Allí estaban todos, los padres de Bill, su hermana, el doctor Haffner y todos y cada uno de los habitantes del pueblo y alrededores. Todos los que conocían a Bill pero a quien más le dolió mirar el joven Josh fue a sus padres. En primera fila, obligados a contemplar por la ley como su hijo era despojado de su vida por un crimen que había cometido.

El joven Josh se armó de valor y empezó a pronunciar el que sería su último discurso.

“Todo este tiempo no he hecho más que recordar aquella calurosa tarde en la que Jebb y yo buscábamos una distracción para pasar el rato. Aburridos e inquietos se nos ocurrió la peor de las ideas. La idea de jugar con un arma. Como cualquier niño solo queríamos sentirnos mayores haciendo algo de mayores. Por desgracia Bill apareció en el momento que yo tenía el rifle en la mano. Recuerdo aquel momento como si pasara ahora mismo y todo este tiempo e deseado ser yo el que se moría solo y desangrado por el disparo de una bala. Muriéndose mientras hacía algo honrable como ir a por una medicina para su hermana. No es así... No he hecho nada bueno en esta vida... Lo único que he hecho han sido pillerías y matar a un hombre. Os pediría perdón a todos pero serían solo palabras. Al único que le quiero pedir perdón es a Bill que es a quien le he privado de todo. Me lo merezco y merezco ser despojado de lo mismo que he arrancado. Por último quiero deciros que intentaré ser mejor persona en la otra vida, aunque me vaya directo al infierno. Por que no hay mayor infierno que haber vivido estos últimos quince días.”

La gente del pueblo había comenzado a llorar. El Sheriff Jim miró a Josh y Josh le hizo una señal. La señal de “ya estoy listo jefe”. El verdugo retiró el taburete y Josh quedó suspendido por la soga. Ahogándose poco a poco. La gente gritaba pero todo sonido desapareció para le joven Josh. Lo único que podía contemplar era como un jinete se acercaba hacia él. Un jinete sin expresión a lomos de un caballo sin rostro. Al acercarse pudo contemplar el rostro del jinete. Era Bill. El jinete lo agarro montando su alma en su caballo y los dos cabalgaron juntos por un camino que los vivos no podían ver.

El cuerpo del joven Josh, yacía muerto colgando en la soga.



FIN
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"Una tarde aburrida" by Alberto Leiva Pallares is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

sábado, 9 de febrero de 2013

Un día tonto



1

-Vete mi amor- Susurraba Jim mientras le caían un par de lágrimas por los ojos. Unos ojos irritados por la pena y el dolor de decir adiós a lo que más ama en vida -Vete mi amor... Déjame y no mires atrás. Salva tu vida y se feliz. Yo lo seré si tú lo eres.-

-No, no, no...- Gimió Alicia. Con un nudo en la garganta tan grande que su negación sonó desgarrada, como si le arrancaran un trozo de alma en cada palabra. Dos mares corrían por sus mejillas. Sus ojos azules se unieron al rojo irritado más espantoso que se pueda imaginar. -No pienso dejarte aquí tirado. Morirás si te dejo.-

-Ya es tarde para mí. No puedes hacer nada, salvo marcharte y salvarte. Hazlo por mí cariño.-

-No me voy a ir Jim, no pienso dejarte-

-Entra en razón, si nos quedamos los dos, nos moriremos de frío. Tú no puedes cargar conmigo y estoy perdiendo demasiada sangre por la pierna. El torniquete no hará que pare. Se puede ralentizar pero esto no parará. Seguro que se seccionó parte de la arteria femoral. Ha sido una caída muy fea cariño.-

-Bajaré hasta el refugio. Llamaré a emergencias y volveré a por ti. Iré lo más rápido que pueda pero te prometo que te sacaré de esta apestosa montaña. Nos iremos a casa, te recuperarás y viviremos una vida juntos.-

-Claro que sí mi vida... Lo conseguiremos, yo sé que lo conseguiremos... Confío en ti y se que irás rápida pero cautelosa y que volverás a por mí en menos que canta un gallo. Ve, yo te esperaré aquí.- Jim sonrió atestiguando a sus palabras pero sus ojos parecían decir otra cosa. Un frío silencioso en su mirada sonó como un adiós. Un adiós que la joven Alicia no pudo ver o no quiso creer.

-Vuelvo ahora. Toma mi chaqueta. Iré más rápida sin ella.-

-No, no. Debes llevarla. La temperatura es muy baja y si no vas bien abrigada podrías congelarte.-

-Voy a estar en movimiento no tendré frío. ¡No contradigas a tu mujer y ponte esta chaqueta!.-

-Jajajaja, Está bien, me la quedaré. Si hay algo que no me apetece ahora mismo es que me regañes.-

-Lo siento mi amor, dame un beso. Prometo que volveré ya, ¿vale?-

-De acuerdo. Aquí te espero mi vida. Vete con cuidado. Te quiero, te quiero, te quiero, muuak.-


2

Tengo que llegar. Puedo llegar. Mi novio está atrapado en lo alto de esta maldita montaña. Maldigo la hora en que le dije que sí. Que quería vivir una aventura con él. Nos dejamos llevar por la tontería. No debimos bajar por esa pendiente. El se apoyó mal, resbaló y se cayó. No fue desde una gran altura pero fue una mala caída. Fue golpeando con las rocas hasta caer encima de un árbol muerto. Para mala suerte una de las ramas se le clavó en la pierna. Bajé lo más rápido que pude pero la nieve, ya estaba llena de sangre. Me quité la bufanda y se la puse en la pierna haciendo un torniquete. Eso no arreglará el daño pero me dará tiempo para bajar a por ayuda. El refugio está a unos cinco kilómetros. Desde allí podemos llamar a los servicios de emergencia para que lo rescaten y le ayuden. Sé que lo conseguiré. No puedo perderlo. Si lo pierdo se acabará todo para mí.


3

Hace ya más de una hora que Alicia se marchó. No siento las piernas. Los brazos me pesan. Comienzo a dejar de sentir el frío. Maldito el día que le propuse vivir una aventura. Le propuse subir al Monte Blanco por la cara fácil y descender por la cara más difícil. La rocosa empinada. Si no hubiéramos venido ahora estaríamos en nuestra casa. Viendo alguna película tirados en el sofá con un gran ball de palomitas o tomando un chocolate caliente los dos juntos. En vez de eso estamos aquí. Separados... Ella bajando a por ayuda y yo desangrándome y muriéndome poco a poco en una tortura agónica.

La quiero con locura, recuerdo la primera vez que nos vimos. Fue un flechazo a primera vista, por lo menos para mí lo fue. Siempre tenemos esa discusión. Ella dice que no, que ni siquiera se había fijado en mí, que estaba mirando al tipo de detrás. Yo recuerdo esos momentos como si pasaran ahora mismo. Estábamos en una cafetería. Casualmente los dos íbamos a esa cafetería todos los días en el descanso del trabajo para tomar un café. Teníamos trabajos distintos. Ella trabajaba en una tienda de ropa y yo trabajaba para una aseguradora. Yo me sentaba siempre en la misma mesa y pedía lo mismo de siempre. Un café con leche grande y un croissant a la plancha. Ella siempre llegaba cinco minutos después y se sentaba en la barra. El primer día que nos vimos, nuestras miradas se cruzaron mientras yo bebía un trago del café y ella se dirigía de la entrada a la barra. El tiempo se ralentizó y nuestros ojos se quedaron fijos sin pestañear. Aunque solo fue un instante para mí fue una eternidad. Los días fueron pasando y ella siempre hacía lo mismo, entraba, me miraba y se sentaba en la barra, me miraba varias veces y se iba mirándome otra vez. Un día me cambié de sitio. Sabía que si le interesaba me iba a buscar. ¿Qué hizo ella?, entró, miró hacia donde mira siempre y se sentó en la barra. En ese preciso momento dije “a la mierda” pero justo en ese momento mientras parecía rebuscar algo en el bolso me miró, se quedo mirándome y me sonrió. La clave, la señal. El momento de acercarse y decirle algo. Asumo mi culpa, no dije lo más apropiado. Terminé mi café, me fui a la barra, a su lado y le salude. Ella me sonrió y me devolvió el saludo. Le dije así, sin más que me encantaba, que llevaba tiempo observándola y que me encantaría conocerla. Pasar tiempo juntos y vivir algo los dos. Ella me miró con cara rara y me dijo si era un acosador o un violador. Me quedé pálido, me esperaba cualquier contestación menos esa. Ella se rió y me dijo que era broma. Que también se había fijado en mí y que estaría encantada. Seguimos hablando y decidimos quedar. Así, día tras día hasta llegar al día de hoy. El día más tonto y más absurdo. El día en el que nada de esto debería pasar pero estaba pasando. Lo único que pienso ahora es en las veces que discutimos. Mayormente la mayoría de las veces y sobretodo en las veces que me quedé callado y que no le dije un “te quiero”. Las lágrimas comenzaron a derramarse por mis mejillas. Mi final estaba cerca y nada lo podría evitar. Por mucho que corriera Alicia, nunca llegaría a tiempo. Lo único que espero es que no le pase nada a ella.

Mis párpados me empezaron a pesar. Cada vez más. El frío se estaba marchando. Me pareció escuchar un ruido. Como de helicóptero. No, no puede ser.

-Alicia- Susurro Jim.

Pude sentir fuego en mis meillas. Todo se estaba fundiendo a negro. No puede ser. Es mi final. Jamás volveré a ver a mi niña, a mi amor, a mi vida.

-Te quiero mi...- El susurro final de Jim se corto sin pronunciar el final.

4

Estoy corriendo a una velocidad de vértigo. Muchas veces me habían dicho que cuando estás en peligro o en situaciones en las que te va la vida en ello. El cuerpo siempre tiene algo que hace que vayas más rápido, que seas más ágil y que seas más fuerte. Ahora mismo lo estoy comprobando.

No soy una chica muy fuerte ni nada por el estilo. Todo lo contrario. Soy de estatura normal y de peso escaso tirando a delgado. Cada vez me queda menos. Espera un poco mi vida, en nada estaré a tu lado y te daré un millón de besos. Espérame y pronto estaremos en casa tirados en algún lugar haciendo cualquier cosa donde lo único que me importe sea estar a tu lado. Recuerdo la primera vez que lo vi. Estaba en aquella cafetería bebiendo un café, Sus ojos inocentes y sin apenas maldad se clavaron en los mios. Moreno de ojos claros, tan claros como el cristal. Sentí un golpe en el corazón como si algo acabara de atravesarlo. Se que suena ñoño y de pasteleo pero así fue. A el le digo que no que no me había fijado en el que miraba al chico que había detrás pero eso solo lo hago por hacerle rabiar. La verdad es que me quedé prendada de él desde ese momento. Estaba en el trabajo deseando que fuera la hora del descanso para ir corriendo a la cafetería a verle. Todos los días esperaba que él se levantara y viniera a mí pero no lo daba hecho. Siempre fue poco decidido para esas cosas. Siempre analizándolo todo y viendo si sí o si no. Por fin un día se decidió y vino hasta la barra. Me dijo que quería pasar más tiempo conmigo y que quería conocerme. Por un momento pensé que era como los demás chicos. Vienen, te venden un prototipo ideal, consiguen lo que buscan y se van. En él solo dudé un momento hasta que clavó sus ojos en mí y pude ver su interior. Un interior claro y transparente. Se que soy un poco mala y que peco de ello pero sentí la necesidad de decirle algo que le descuadrara. Así fue, se quedo mudo. Su cara se empezó a poner blanca por un momento pensé que se iba a morir allí mismo así que corregí mi contestación y le dije que me encantaría. Tengo que decir que fue precioso. Fue lo mejor que pude hacer en toda la vida. Conocerle fue lo más maravilloso. De niña leía muchas historias de príncipes y hacía mis propias historias cuando jugaba con las barbies pero el rompió todos los guiones, todos los cuentos infantiles y creo los suyos propios. Esta vez eramos nosotros los protagonistas y no hizo más que hacerme sentir como una princesa. La princesa del cuento más bonito que jamás se ha contado. Infinitos detalles, infinito cariño, infinito amor es lo que me da. Ahora que sé que se está quedando sin vida, un puño agarra mi corazón. Contrayéndolo hasta convertirlo en un garbanzo minúsculo y sin apenas movimiento. Le quiero, le amo y lo necesito. Si pudiera dar mi vida por él la daría en este mismo instante.

Por fin llego al refugio. Al entrar le explico al guardia mi situación y rápidamente llama al helicóptero de emergencias. En cinco minutos llega hasta nosotros me recoge y nos vamos hacia donde está Jim, mi amor. Cuando llegamos el helicóptero desciende. Me echo a correr hacia él gritando su nombre.

-¡JIIIIIIIIIMMMMMMMM!-

Como una loca llego hasta él con los ojos llenos de agua, me tiro de rodillas al suelo y puedo ver que su vida se apaga. Está frío y congelado apenas sin calor. De pronto sus labios susurran algo.

-Te quiero mi…-

No,no, no ,no, mi amor no. Golpeo su cara sin obtener respuesta. Llegan los médicos y comienzan a moverlo hacia una camilla. En menos de diez segundos lo tienen agarrado con una manta y en camino hacia el helicóptero. Un enfermero me agarra y me dice que nos tenemos que ir, que no hay tiempo. Nos vamos hacia el hospital más cercano. En el helicóptero los médicos no dan muchas esperanzas. Yo grito como una loca su nombre.

-¡JIIIIIIIIMMMMMMM!-

Se va, se va,. Mi amor se va y no puedo hacer nada. La impotencia se apodera de mí. Quiero agarrarlo besarlo, decirle que le quiero y no puedo. No serviría de nada. Se va, se va, mi amor se va.

Los médicos comienzan a practicarle la reanimación. Su corazón se ha parado. Mi cuerpo se muere en ese preciso momento. Mi fuerza se va y me derrumbo en llanto. Un llanto que ni siquiera se pronuncia ni sale. Un dolor interno. Mi corazón se rompe, se tritura, se destruye. Mi vida se escapa junto a la suya. El médico me mira y me dice que no hay nada que hacer. No, no, no.

-No me dejes Jim... te lo suplico, no me dejes...-

Me tiro encima del y beso sus labios. Mis lágrimas caen en su cara. Sus labios están fríos, inertes, muertos. Pasan el frío a los mios. Mis manos se posan en sus mejillas mientras mis labios parecen dar el beso más largo y más doloroso de todos los besos que se pueden dar en esta vida.


5

Allí estaban, en aquel helicóptero de emergencias cerca del hospital, Jim y Alicia. Tirados en el suelo, él en una camilla y ella de rodillas, besando a su novio que yacía en el suelo muerto. De pronto el pie derecho de Jim da una sacudida. El médico se alertó y apartó a la chica. Jim había regresado de la muerte o lo que el médico consiguió explicar fue que había permanecido en un estado cercano a la muerte. Su corazón se ralentizo hasta el punto de parecer que no latía pero si lo hacia a un ritmo muy lento y apenas perceptible. Para Jim y Alicia fue amor. Un amor tan fuerte que sería incapaz de separarles hasta que hubieran vivido una vida juntos. Cuando llegaron al hospital, Jim fue trasladado de urgencia al quirófano. Allí fue atendido por los mejores especialistas del hospital. A las pocas semanas le concedieron el alta y se fueron a su casa.

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sábado, 2 de febrero de 2013

“El bosque de las sombras”


El bosque de las sombras”


Los grillos entonan la música nocturna aquí en el bosque de las sombras. Llevo cinco años trabajando aquí como guardabosques. En el bosque de las sombras. Nombre curioso que le dieron la verdad. Todos los bosques tienen sombras y de noche se multiplican. Hay miles de historias sobre este bosque. Gente desaparecida, gente que afirmaba haber visto bichos o seres extraños, gente que afirma que son extraterrestres, brujas, demonios, etc. Cada uno con su versión de los hechos supongo. No soy policía para investigar lo sucedido pero si que hay algo extraño en ello. Todos los que afirman haber visto cosas lo hacen por dinero o por fama, otros por diversión pero hay algunos casos en los que algunas personas. No recuerdo el número con exactitud, perdieron la cabeza, es decir, perdieron su vida sin morir. Su mirada fija sin parpadear, ausentes de cualquier luz, sonido o movimiento. Dicen que montones de médicos y psicólogos han intentado todas las técnicas y medicinas con ellos pero ninguno a dado con la clave. Los afectados seguían en su mundo aislado del resto, ausentes de lo que antaño fue una vida. En la actualidad hay unos cuantos que permanecen en observación en algún centro de salud experimentado, otros han fallecido. En estos cinco años a mi no me ha pasado nada con respecto a esto. Nunca me he tropezado con bichos ni seres extraños y jamás me ha pasado nada raro. En cambio si que podría contar mil historias que me pasaron con jóvenes y con algunos animales.

Recuerdo la vez que me encontré con una cría de lobo. Debía tener un mes, mes y medio. Su madre se había tenido que ir por culpa de unos cazadores y para proteger a su cría intentó llevarlos lo más lejos posible de su cachorro. Por desgracia para ella se preocupó más de moverse rápido para distanciarse del pequeño que de mirar por donde iba. Se fue de frente contra uno de los cazadores. Eran cuatro. Yo ese día por suerte, me cuadró estar por esta zona del bosque y escuché los disparos. Rápidamente me eché a correr hacia los disparos y cuando llegué no daba crédito. Uno de los cazadores le disparó a la loba pero le dio a uno de sus compañeros que cayó mal herido. En estos casos las normas del bosque son las normas del bosque. Los guardabosques tenemos orden de disparar a matar a cazadores si disparan. Digamos que la ley en los bosques la tienen los guardabosques. No me lo pensé. Me arrodillé apoyé mi rifle sobre mi hombro y apunté uno a uno a las cabezas de los cazadores. Los cuatro cayeron en nada. Había poca luz y eran un poco imbéciles para mi suerte. Al ver que no quedaba ningún cazador, solo el que estaba herido, corrí hacia él. Cuando llegué, el hijo de puta le había clavado un cuchillo en la pata derecha trasera a la loba. La hembra estaba gritando de rabia y de dolor. Por el sonido el dolor era más de pensar en no volver a ver a su hijo que de perder la vida a manos de unos desgraciados. Saqué mi 44 y le volé la cabeza al cazador. Me acerqué a la loba y le puse una mano en el pecho. Intentó morderme pero al verme se detuvo. No se si sentirán quien quiere hacerles daño y quien quiere ayudarles o quizás digan “he es el guardabosques, este tío vela por nosotros”, la segunda opción no me la acabo de creer del todo pero sea como sea, se quedó tranquila. Le eché un ojo a su pata y pude ver que el corte era limpio. Nada que con un poco de presión, una venda y reposo no se pueda curar. De repente el pequeño apareció detrás mía, con sus pequeños ladridos llamando a su madre. La loba se levantó como alma que lleva al diablo y me enseñó los colmillos. Su pata en aire estaba chorreando bastante sangre, así que sin hacer ni un movimiento en falso, muy lentamente eché mi mano derecha atrás y cogí la pistola de dardos de mi cintura. Solo un disparo, sin que vea el arma. Debe ser rápido y lento a la vez. El disparo sonó y “Bingo”, La loba se cayó al suelo y sus ojos se fueron cerrando. El pequeño seguía con sus ladridos. Cogí a la hembra en brazos y me puse de camino al coche. El pequeño me seguía mientras iba tropezando con las ramas caídas de los árboles. Al llegar al coche los metí a los dos en la misma jaula y me puse de camino al refugio. Lo más rápido que pude. Al llegar estaba Tim, el veterinario, que tan pronto verme me ayudó a llevar a la hembra a dentro. Le limpió la herida, se la cosió y en tres semanas los soltamos a los dos. Al soltarlos la loba a la que yo bauticé como Laika miró atrás. Una última vez y se fue. Si algo pude leer en esa mirada fue un gracias y hasta siempre. Desde entonces no he vuelto a verlos. Al pequeño lo bauticé como “Copo” ya que en su cuello tenía una mancha blanca en forma de copo. Eso fue al año de haber empezado a trabajar aquí, hace cuatro años. Lo que si tengo claro es que aunque yo no los vea se que ellos están ahí, vigilándome o protegiéndome. Lo que si sé es que los únicos que me dan más miedo son los humanos. Son los únicos que no se rigen por la ley de la naturaleza.

Las demás historias fueron con parejas que vienen a pasarlo bien o con grupos de jóvenes que vienen de camping. Tenemos una zona habilitada para ello pero algunos siempre quieren ir más allá. No se dan cuenta que esto es un espacio protegido. Mi labor es echarlos de allí lo más rápido posible y sin que causen ningún daño. Las hogueras están totalmente prohibidas. Hace un par de años tuvimos un incendio y se quemaron miles y miles de hectáreas. Terreno que tardará mucho en volver a ser lo que era.

A mi lado puedo escuchar a una lechuza. Me detengo y la busco entre los árboles. Guiándome por su sonido al fin la veo. Está a unos cinco metros en un árbol. Me quedo un rato mirando y prosigo con mi ronda.

Me parece escuchar algo... Son voces... de varias personas... Joder... No puede ser, la gente realmente es imbécil. Camino en dirección a las voces. Me quedo detrás de un árbol a unos treinta metros más o menos. Hay dos tiendas de campaña, un coche, dos chicos y dos chicas. Un chico es moreno y el otro rubio y las chicas una es morena y la otra rubia. Curioso sin duda. Deben tener entre diecinueve y veintidos años. Parece que han estado tomando alcohol y están liando una buena. La hoguera es bastante grande y el fuego llega a más de media altura. Los chicos y las chicas van si parte de arriba y en ropa interior. Joder...


-Refugio aquí Golf Bravo uno, ¿me recibes?, cambio-

-Golf Bravo uno aquí Refugio, te recibimos, cambio-

-Tengo a cuatro jóvenes liando una buena. Parecen dos parejas, tienen dos tiendas, un coche, están bebiendo alcohol y han encendido una hoguera de tamaño medio alto. Cambio-

-Joder, putos niñatos, John te mando refuerzos, no te metas tu solo ahí, cambio-

-Puedo controlarlo Mike, son solo cuatro jóvenes, cambio-

-Ok, al menor síntoma de peligro me avisas por el Walkie. Acompáñalos hasta el refugio, llevarán un pequeño regalo por su fiesta. Un pequeño regalo de 1500 euros, cambio-

-Recibido, me pongo a ello, cambio-

-En cuanto acabes ven al refugio. Laisy ha traído otro animal en shock. Cambio y corto-

-Ok recibido, cambio y corto-

Joder ya van quince los animales que llegan en shock al refugio en menos de quince días. No entiendo que les puede estar pasando. Comienzo a caminar hacia los chicos cuando una de las chicas se va corriendo al bosque. Los demás se quedan en el campamento improvisado.

-Buenas noches chicos, soy el guardabosques John Saine. Tenéis que recoger todo y acompañarme al refugio. Allí se os tomarán los datos y se os multará. Esto es un bosque protegido.-

-¿Cómo?, debes estar de coña... De aquí no nos vamos colega- Dijo el chico moreno.

-Está bueno el guardabosques, no me importaría meterme con él en la tienda y que me la metiera hasta el fondo- Dijo la chica rubia.

-Tía, ¿estás colgada?, eres una imbécil- Dijo el chico rubio que parecía estar molesto por ese comentario. Denotando un elevado grado de celos.

-Bien no estoy aquí para discutir con vosotros ni para meterte mi polla por tu vagina y hacerte ver las constelaciones una a una. ¡Estoy aquí para que os larguéis ya!.-

-Ufff que cerdo me acaba de poner burrísima, Cateline ven!!, te dejo que te nos unas en la tienda.- La chica rubia se metió la mano por dentro de la braga y comenzó a tocarse. Al mismo tiempo comenzó a tocarse los pechos.

-¡Sara eres una jodida puta!, ¡No quiero saber nada más de ti! Y tu maldito hijo de puta lárgate ya de aquí-

El chico rubio empujó a Sara y la tiró al suelo. Ella se debió hacer daño por que se cayó con el culo encima de una piedra. Empezó a gritar en el suelo. Se acabó, hay ciertas cosas que no tolero, una es que le hagan daño a un animal y otra que le hagan daño a una mujer. Saco la porra y le doy con ella en las piernas, a la altura de las rodillas. El chico rubio cae al suelo y seguidamente le doy una patada en la cabeza. Sin que pueda percatarme el chico moreno se me lanza encima por la espalda. Se agarra a mi cuello con una mano y con la otra comienza a darme puñetazos en la cabeza. Joder, putos niñatos... Me agacho hacia delante y el imbécil se cae de cara contra el suelo. Le doy un porrazo en la espalda y se queda gimiendo de dolor en el suelo. Ya está, inutilizados. Saco un par de bridas y se las pongo en las muñecas para que no puedan moverse. Lo mismo en los pies. Me acerco a la chica rubia que sigue gritando de dolor. Su cara esta roja y las lágrimas parecen dos ríos cayendo por sus mejillas.

-Tranquila, ya estoy contigo, ¿dónde te duele?-

-¡AAAAHHHHHHH!, ¡es la mano, me duele la mano!-

Joder, es la mano que se había metido dentro de la braga para tocarse. Se debió caer encima de la piedra con todo su peso encima della.

-Déjame verla, déjame que vea la mano. Sácala de ahí....-

-¡No puedo, me duele mucho!-

-Te la sacaré yo entonces. Necesito que dejes de gritar, me estás dejando sordo. ¿Puedes decirme como te llamas?-

-Me llamo Sara-

-Muy bien Sara, necesito que me cuentes que estabais haciendo aquí, y que clase de drogas has tomado-

-Pues estábamos de camping. Mi amiga Cateline y yo conocimos a estos dos el otro día y nos vinimos con ellos. Nos dijeron que era seguro y que no pasaría nada. Joss, el chico moreno dijo que su padre era el alcalde de la ciudad y que no pasaría nada....-

-¡No le digas como me llamo puta!-

Otra vez... Cojo a Sara de la mano y le miro a los ojos.

-Perdona cielo...-

Me levanto y le doy una patada en los dientes a Joss con la punta de la bota. Se queda gritando de dolor mientras los dientes frontales se le caen al suelo. Vuelvo a donde está Sara y me arrodillo.

-Sigue cariño, ¿Puedes decirme que has tomado?-

-Pues hemos bebido Whiskey y ellos le han echado unas pastillas que dicen que te hacen ser feliz...-

-¿Puedes decirme que tipo de pastillas eran?-

-No, no sabría decirte... pero me duele el estómago.-

-OK, bien, voy a quitarte la mano de dentro de la braga y luego vamos a saber que os dieron estos payasos, ¿vale?-

Ella asintió y se quedó mirándome a los ojos con cara de pena y cariño a la vez. Con la mayor suavidad y delicadeza, cogí mi mano y la metí en su braga para quitar la mano. Aunque fui con la mayor suavidad posible ella gritó de dolor.

-¿Qué pasa?-

-Me duele... no sigas por favor, me quedaré así toda la vida si hace falta-

-Jajaja, no te vas a quedar así toda la vida. Pero si que necesitaré quitarte la braga para no hacerte daño. Espera aquí un segundo y ya me pongo contigo.-

Me levanto y voy hacia los dos imbéciles. Cojo al rubio y lo arrastro hasta el coche. Abro la puerta de atrás y lo meto dentro. Voy a por el moreno que sigue escupiendo sangre y dientes y hago lo mismo. Los pongo uno encima e otro para que se den calor por si tienen frío... No puedo evitar reírme por dentro al hacerlo. Cierro la puerta y me dirijo hacia Sara.

-Refugio, aquí Golf Bravo uno, ¿me recibes?-

-Gohflf Brhghggvo unfo te recibo.-

-La señal está entrecortada. Hay algún tipo de problema con la señal, no te oigo bien, cambio-

-Jhgfdkjon, ¿me oyes?, cambio-

-Te recibo fatal Mike. Cambio-

-fhfhhfhf-

Joder, algo le pasa al Walkie seguro... mierda de Walkies.

-Bueno Sara, ya estoy contigo. Haremos lo siguiente. Te voy a ayudar a levantarte. Vamos a caminar muy despacio hasta una tienda, nos meteremos dentro y allí te quitaré la braga para rescatar tu mano. Posiblemente la tengas fracturada.-

-Dios no... me da vergüenza que me mires... Prométeme que no vas a mirar.-

-Jajaja, Claro que te voy a mirar, necesito ver el alcance del daño para repararlo. Te prometo que lo haré con la mayor suavidad posible. Además no seré el primero que te vea, seguro-

-Ehmmm....-

-¿En serio?, ¿con estos payasos tampoco?-

-No, íbamos a ello, pero apareciste tú y luego todo este circo que se montó...-

-Pues me alegro a ver interrumpido esto. Esos dos no son más que escoria Sara. Te mereces algo mejor y tu sabes que te lo mereces. Además aun eres joven.-

-Tengo diecinueve años-

-Por eso eres joven, te mereces algo mejor-

-¿Tú cuantos tienes?, ¿Tu pareces mejor?-

Mi instinto me dice claro que soy lo mejor pero mi consciencia me dice, aléjate de esto chico. No te metas en este sarao. La dulce Sara es demasiado para ti, no te metas.

-Yo no puedo Sara, tengo a una chica esperándome en el refugio.-

-Jo, lo sabía... Si no estabas pillado eras gay, los buenos nunca están solteros.-

-Jajajaja bueno, no generalices, hay de todo en la viña del señor. Por cierto tengo 29 años-

Caminamos poco a poco hasta la tienda de campaña que está más cerca. Ella me dice que es la suya. Abro la cremallera de la puerta y le ayudo a entrar muy despacio. Una vez dentro le ayudo a acostarse muy suavemente para que no se haga daño.

-Bien, llegados a este punto, Sara quiero que pienses que estás con tu doctor o tu doctora ¿vale?. No quiero que te pongas nerviosa ni que te pongas rígida. Déjate lo más relajada que puedas para no hacerte daño en la mano. ¿Puedes hacerlo?-

-Mé ayudaría que tú también te quitaras algo... me haría sentirme más cómoda.-

-No puedo Sara, estoy trabajando.-

-Hazlo por mí, ¿tú me vas a ver el coño y yo no voy a verte nada?-

Sara se rió levemente. Una sonrisa que se corto por el dolor que le dio la mano.

-Esta bien, Me quitaré la camisa ¿vale?-

-Vale-

-Bueno, vamos al lío-

Comencé a bajarle las bragas y se fue descubriendo ante mi su maravillosa entrepierna. Tiene dos dedos introducidos dentro los que deduzco que se han fracturado por que se han amorotonado.-

-Bien Sara, tienes el dedo corazón y el anular dentro, por la pinta están fracturados. Voy a sacarlos-

-Haz lo que tengas que hacer... estoy en tus manos, nunca mejor dicho jajaja-

Con una mano agarro su muñeca lo más delicado que puedo y con la otra mano introduzco dos dedos por debajo de los suyos para sacarlos sin hacerle mucho daño. Sara comienza a retorcerse y a decirme que le gusta, que le duele un poco pero que le gusta. Sara no estamos para esto, pero si te ayuda a no sentir dolor a mi me sirve. Saco sus dedos y tras de ellos un pequeño chorro de fluido vaginal. No puede ser... Agarro su mano todavía húmeda por su propio fluido e inspecciono sus dedos. Lo que me temía. Tiene dos dedos fracturados. Tengo que vendárselos. Arranco un trozo de tela de mi camisa y comienzo a vendarle la mano. Miro para su cara y me está riendo mientras entrecierra los ojos por algún movimiento de la tela con sus dedos. La vista se me va a sus pechos que hacen volver a tener una lucha interna con mi cerebro. “Estás trabajando y eres un viejo a su lado. Aléjate de ella, céntrate solo en el aspecto médico de primeros auxilios”. Por otro lado me encantaría bajarme los pantalones y empezar a penetrarla como si no hubiera un mañana.

-Bien, ya hemos terminado. Tu mano ya está vendada. Llévala en alto mientras no llegamos al refugio.-

-¿Ya?, ¿no me vas a dar un beso con lengua en mis bocas?. A mi me harías feliz.-

-No es el momento Sara. Soy muy mayor para ti y recuerda que tengo novia. Te ayudaré a vestirte, Tienes ropa por aquí?-

-Sí, en esta mochila.-

Le pongo las bragas y un pantalón de deporte. Sara saca un top pero está mojado así que me pasa una sudadera para que le ayude a ponérsela. Le ayudo a ponerse unos tenis y salimos de la tienda. Puff, se me ha hecho duro y no lo he podido evitar se me ha puesto dura como un camello pero no puede ser. Es demasiado joven y yo estoy trabajando. Mi responsabilidad es velar por su seguridad ahora mismo.

Al salir Sara se queda con cara de sorpresa mirando al coche. Los cristales están teñidos de sangre. No puede ser... Qué ha pasado... Las puertas están abiertas.

-Sara, quédate aquí. Voy a ver que pasó.-

Al llegar al coche contemplo una imagen espantosa. Los dos chicos yacen muertos, uno encima del otro pero... Tienen desgarros en su piel. Como si alguien hubiera intentado arrancarles la piel a tirones. Les faltan los ojos en su lugar hay cuencas vacías con lágrimas de sangre. Su boca abierta con la mandíbula totalmente desencajada. Su lengua cortada en dos trozos como las lenguas de las serpientes. Sus brazos y sus piernas retorcidos. Sus... Sus partes íntimas, desgarradas, mordidas, arrancadas de su lugar habitual y colgando por un pequeño hilo de piel. Goteando sangre que ya empieza a coagularse. Un charco de sangre que empapa los asientos y que empieza a formar pequeños charcos en las alfombrillas del coche. Cerrar la puerta es lo único que puedo hacer ahora. Miro a Sara, la joven Sara parece preocupada. No sabe lo que hay aquí dentro pero si que ha visto las manchas de sangre de los cristales. No se si debo decirle lo que hay o mejor omitírselo para no crearle un trauma de por vida. Lo que si sé es que no es nada bueno. Tengo que ponerme en contacto con el refugio de inmediato.

-Sara, es mejor que no veas lo que hay ahí dentro. Lo único que puedo decirte es que están muertos.-

-¿Qué?, ¡no puede ser!, ¿cómo?-

-No lo sé pero la imagen es horrible y no quiero que te quite el sueño en un futuro. Tenemos que irnos de aquí ya-

-No... no... no puede ser... ¿quién los mató?-

-No lo sé, estamos en peligro. Quizás sean furtivos o perturbados. No lo sé y como no lo sé tenemos que irnos. Tengo que ponerme en contacto con el refugio-

Sara se tiró al suelo de rodillas. Lo que había empezado como un juego, una diversión, iba a convertirse en una vivencia siniestra y llena de mierda. No puedo perder más tiempo. Estamos en peligro y estoy yo solo.

-Aquí Golf Bravo uno, ¿refugio me recibís?, cambio-

Silencio, silencio sepulcral.

-Aquí Golf Bravo uno, ¿refugio me recibís?, cambio-

Nada, absolutamente nada. La señal se debió haber ido a tomar por culo. Joder, esto tiene que ser una broma. No he escuchado nada. Cuando estábamos en la tienda, no escuchamos absolutamente nada. Esto tuvieron que hacerlo varias personas pero si fueron varias personas habrían hecho ruido, a no ser que fueran descalzas y aun así... ¿Animales?, ¿qué tipo de animal desgarra, mata, mutila y se va sin llevarse un trozo de carne para alimentarse?. Habría o habrían hecho ruido. Además, ¿cómo habrían abierto las puertas de los coches?. Nada de esto tiene sentido.

-¡¡¡Cateline!!!, ¡¡¡Cateline!!!-

Sara comenzó a gritar con una voz desgarrada y llena de dolor y miedo.

-¿Dónde está tu amiga?-

-No lo sé, se fue a hacer pipí por ahí-

Sara me señaló hacia el norte, justo donde había unas piedras. Unas encima de otras formando una pequeña montaña. La típica montaña que suelen usar los niños para jugar cuando son pequeños a los castillos. Recuerdo cuando jugaba con mis hermanos y con mis primos de pequeño. Siempre ganábamos a mis primos y siempre terminábamos peleándonos de verdad.

-Iremos a buscarla. Luego nos meteremos en el coche y nos largaremos al refugio.-

-De acuerdo. Vamos-

Comenzamos a caminar. Con mi mano derecha abrazo a Sara. La pobre está temblando. Puedo sentir el chasquido de sus dientes chocando entre si por los temblores. Le susurro al oído que se tranquilice. Que todo saldrá bien. Yo estoy a su lado y la protegeré hasta llegar al refugio de cualquier cosa. Es una chica joven. Ahora mismo estará preguntándose que coño hace aquí. Por que se metió en esta aventura pudiendo estar en su casa tirada en la cama hablando por teléfono con su mejor amiga sobre unos chicos o alguna serie que vean en común. Mi mano izquierda la llevo en la cadera. Justo apoyada en la culata de mi 44. Dispuesto a desenfundar, apuntar y disparar a cualquier objeto extraño que aparezca en mi camino y parezca hostil.

“La ley en el bosque es la ley de los guardabosques”. Este dicho hacen que lo memoricemos tan pronto aprobamos los exámenes para ser guardabosques. La menor duda, si das síntoma de ser débil puedes estar en grave peligro y puedes poner en peligro la seguridad del bosque.

Al llegar a las piedras sentimos un olor extraño. Huele como a jazmín como si alguien hubiera rociado todo de jazmín. Es imposible... en este bosque no hay plantas de jazmín.

-Tiene que estar por aquí- Le susurro Sara. -¿Cómo se llama tu amiga?-

-Cateline-

-¡Cateline1, ¿estás aquí?-

Silencio. Silencio estremecedor. El bosque se ha quedado mudo los grillos han silenciado su canto, sus llamadas, sus lamentos. Así debe sonar la nada, a nada. Solo el sonido de las ramas crujiendo a nuestros pasos y ese dichoso olor a jazmín que impregna todo el ambiente. De repente una ligera brisa comienza a mover las hojas de los árboles. Los árboles susurran con el viento. Parecen voces, parece que nos quieren decir algo pero no. No es más que el sonido del aire chocando contra los árboles. Un cuervo decide hacer aparición. Desconozco donde está pero su graznido suena cercano. Muy cercano. De pronto suena otro cuervo y otro y otro y otro,... No puede ser... Estamos rodeados de cuervos. La luz de la luna llena hace que se puedan ver sus siluetas en los árboles. Debe haber cientos rodeándonos desde lo alto y gritando. ¿Estará muerta Cateline y vienen al festín?.

-¡Caaaaatelin!-

-¡Está aquí!, ¡AAAAAAAHHHHHHHHH!-

Sara se separó de mi mientras observaba a los cuervos. Se ha metido entre dos rocas y ha encontrado a Cateline. Al llegar no doy crédito. Cateline sentada en el suelo agarrando sus rodillas con la cara completamente desencajada y fuera de lugar. Ausente... Como los animales del refugio y como los humanos que están en los psiquiátricos. Dios, hay varios cuerpos tirados a su alrededor. Están los dos chicos que estaban con ellas. No puede ser, pero si estaban en el coche. Yo mismo los dejé allí y cerré la puerta. ¿Cómo han llegado hasta aquí?. Pero no están solos. Hay más cuerpos. Cuerpos destrozados y desnudos. Sin ropa. Están todos muertos. El olor a jazmín es cada vez más intenso. Mi cuerpo me dice que eche a correr, que escape lo más lejos posible de este lugar. Que lo haga ya. Sara está gritando y llorando desconsolada. Cateline sigue ausente. Miro los cuerpos y descubro que son mis compañeros del refugio. Oh dios, no puede ser. Que coño... Dios... No puede ser. Me cago en la puta...

-¡Sara coge a Cateline, tenemos que irnos de aquí ya!-

-¡No soy capaz, esta rígida!-

-¿Cateline puedes oírme?, tienes que ponerte en pie. Tenemos que salir de aquí ya. ¡Vamos muévete!-

Ausencia, silencio, ni un leve parpadeo.

-¿Qué vamos a hacer John?-Dijo Sara totalmente desesperada.

-Irnos de aquí y ella se viene con nosotros.-

-¿Cómo?, no se mueve-

Intento levantar a Cateline y soy incapaz. Es como si pesara media tonelada y eso que es una chica de estatura normal y cuerpo delgado. Está como anclada al suelo. Algo le hace quedarse en el suelo. Lo único que se me ocurre es darle un puñetazo y dejarla inconsciente. Del golpe Cateline se cae al suelo desplomada.

-¿Qué haces?, ¿por qué le pegas?-

-Es lo único que se me ocurrió-

Me acerco a Cateline y ahora sí. Ahora sí puedo levantarla. La cojo en peso y la apoyo en mi hombro derecho como un saco de patatas. Empezamos a caminar hacia al coche. El viento suena raro con los árboles. Como una voz diciendo “No os la podéis llevar... es nuestra” así una y otra vez. Es una voz siniestra. ¿Qué coño está pasando?. De pronto los cuervos comienzan a volar todos a la vez. Tras una vueltas en círculos deciden echarse hacia nosotros en picado. Comienzan a picotearnos.

-¡¡Sara, corre al coche vamos!!-

-¡¡AAAAHHHHH Duele!!-

Comenzamos a correr hacia el coche. Por suerte la luna llena nos ilumina el camino. Dios me estoy llenando de sangre. La sangre de Cateline está chorreando por todo mi cuerpo. No puede ser. Sara a tropezado y se ha caído al suelo. Tiro a Cateline al suelo. Desenfundo mi 44 y comienzo a disparar a los cuervos. Parece que ascienden y nos dejan tranquilos un momento. Cuando miro a Cateline, su cuerpo está completamente destrozado por los cuervos. Se han tirado la gran mayoría a por ella. Le tomo el pulso y no lo encuentro. Un charco de sangre enorme se forma en el suelo. Cateline ha muerto. Sara comienza a gritar por rabia, miedo y desesperación. Se ha hecho daño en la mano que tiene vendada. Sus dos dedos. Puta mierda, tenemos que salir de aquí. Camino hacia Sara mientras disparo mi 44. Solo me queda una bala. Los cuervos se lanzan hacia Cateline y puedo ver como la destrozan en nada. El aire o el bosque vuelve a sonar, es una voz siniestra, “Es nuestra y no os la podéis llevar, moriréis por intentarlo”

-¡Déjanos en paz maldita voz hija de puta!. ¡Da la cara y te meteré una bala en la cabeza!-

-Vamos a morir John, yo no quiero morir soy joven- La joven Sara comenzó a derrumbarse, podía sentir como sus fuerzas iban desapareciendo. La desesperación y el miedo iban debilitándola. Pude ver como sus ojos comenzaban a volverse vacíos, ausentes. ¡No!, ¡no lo permitiré!. La miro fijamente y la beso en la boca. Un beso corto en el tiempo pero largo en intensidad. Cariño, sensibilidad, dulzura y deseo en un solo beso. Miro a Sara y veo que ha recuperado la tranquilidad. Vuelve a ser ella.

-¡Nos vamos, corre!-

Ayudo a Sara a ponerse en pie pero algo va mal. En el momento que nos pusimos de pie y empezamos a correr hacia el coche, los cuervos se lanzaron hacia nosotros y empezaron a picotearnos. El dolor era infinito. Miles de picos clavándose en la piel y pinzándola. Podía escuchar los gritos de dolor de Sara. No por dios, no puede ser. Tenemos que salir de aquí. El bosque seguía susurrando muerte con esa maldita voz siniestra y de repente. Sin saber como ni donde pero el sonido más bonito del mundo hizo su aparición. El aullido del lobo. Los cuervos alzaron el vuelo y se marcharon del lugar. Sara y yo nos miramos y a unos treinta metros allí estaba. Copo, mi gran amigo Copo. Sabía que me observaba desde la distancia y velaba por mí. Subido encima del coche. Las voces del bosque desaparecieron tras el aullido de Copo. Su mancha blanca en el cuello sigue igual que hace cuatro años. Está precioso. Comenzamos a correr hacia él y nos detenemos en seco a la mitad de trayecto. A nuestros lados hay varios lobos que acaban de aparecer. Seis jóvenes y una hembra adulta. Todos con una mancha blanca en el cuello. Deduzco que ha tenido descendencia. Caminamos hacia el coche y al llegar Copo se baja del coche y se va corriendo hacia el bosque. Al igual que su madre se detiene, mira hacia atrás y se va seguido por su manada. Sara y yo nos subimos al coche. Todo lleno de sangre. La sangre de los dos chicos. Arranco el coche y nos vamos en dirección al refugio. Vamos todo el trayecto en silencio. Al llegar contemplo todo destrucción. El refugio ha estallado en llamas, llamas que ahora eran cenizas.

-Adiós al refugio-

-Quiero despertarme ya John, quiero sobresaltarme y aparecer en mi cama-

-Eso no va a pasar Sara-

Agarro a sara por la cintura y le doy un beso. Ella me responde con otro beso. Las heridas que nos han dejado los cuervos tienen un aspecto asqueroso. Por suerte llevábamos bastante ropa y han sido pocas. Suerte que he ayudado a vestirse a Sara. Si hubiera estado desnuda habría tenido la misma suerte que Cateline.

-Vamonos a casa Sara-

Sara me devuelve una sonrisa. De camino a la ciudad vamos hablando de todo un poco. Sara me dice que si quiero ser su pareja. Al fin y al cabo dice que soy lo que siempre ha buscado. Un tipo que la quiera, que la proteja cuando esté en peligro y que le de cariño cuando lo necesite. Le digo que ella es lo que siempre he estado buscando. Una chica dulce, cariñosa y buena chica. Sara se abalanza sobre mí y me da otro beso. El volante se movió de izquierda a derecha. El coche invadió el carril contrario. Por suerte no venía ningún coche en dirección contraria.

-John... ¿te has dado cuenta que no ha pasado ningún coche desde que hemos salido del bosque?-

-¿A que te refie...-

Pisé el freno de golpe. Llegamos al mirador y lo que pudimos contemplar era horrible. La ciudad completamente destruida. Incendios y edificios destruidos. Calles desaparecidas. Como si un tornado, un huracán, un volcán y un tsunami hubieran hecho aparición al mismo tiempo en este punto del planeta. Todo completamente destruido.


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“El bosque de las sombras” by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.