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jueves, 26 de septiembre de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x15 "Compras"

LA LLAMA DE HIELO



15-.”Compras”



«La felicidad no se alimenta con la ambición si no de las pequeñas cosas que se cruzan en tu camino sin ser esperadas.»


Sin perder tiempo salimos de la casa de Mónica y nos vamos en dirección al Corte Inglés. Después de estar con el calor de las hogueras el frío es muchísimo más agudo y penetra con mayor facilidad hasta llegar a los huesos, donde los muerde hasta hacerte sentir un dolor punzante. Parece que la ventisca ha bajado en intensidad, nos dará tiempo de llegar al corte sin problemas, espero que no haya infectados. Salimos a la calle donde está completamente despejada, algo que ya es una rutina, hace unos meses eso era impensable en una ciudad como Vigo, siempre llena de gente. Bajamos por gran vía hasta la puerta de personal del corte. El candado sigue puesto, las chicas me miran mientras intento sacar la llave del bolsillo de mi pantalón, algo que me resulta realmente complicado con los guantes puestos. Las chicas comienzan a reírse mientras me ven forcejeando con el bolsillo, finalmente consigo atrapar las llaves y sacarlas de mi bolsillo. Abro el candado y entramos. La luz sigue encendida desde ayer. Luces que encendieron Carlos y Raquel. No sé cuanto tendrá de vida el generador del este local, tengo entendido que podía aguantar bastante. Vuelvo a cerrar la puerta con el candado, si vamos a estar aquí dentro lo que menos me apetece es que se convierta en una ratonera.

-Vayamos al supermercado, seguirme.-Dijo Alberto.

Mónica y Nuria asienten con la cabeza y me siguen. Recuerdo cuando trabajaba aquí, no sé como lo conseguía pero todos los días llegaba tarde. Una gran época en este establecimiento, recorriendo los pasillos de un lado para otro. Bajamos por unas escaleras que nos llevan hasta los vestuarios, un chispazo hace saltar un recuerdo en mi cabeza. Este sitio también tenía un depósito de agua y en los vestuarios hay duchas, con un poco de suerte, hay agua caliente.

-Chicas, vamos a los vestuarios, quizás podamos ducharnos.

-¿Qué dices?, mataría por una ducha.-Dijo Mónica.

-No juguéis con mis ilusiones por favor.-Dijo Nuria.

Entramos y me voy a una de las duchas, abro el grifo y “voila”, sale agua fría que al rato comienza a calentarse.

-¡Agua caliente!.

Comenzamos a gritar y a reír como idiotas, como niños pequeños sin pensar nos quitamos la ropa y comenzamos a darle a todos los grifos de las duchas. Comenzamos a correr de un lado para otro bajo una lluvia de agua caliente.

-Mierda, pero no tenemos champú.-Dijo Mónica.

-Esperad...-Dijo Alberto.

Salí corriendo del vestuario en dirección al supermercado, desnudo, desarmado y completamente mojado, resbalando por un suelo que parecía un tobogán. Por suerte la entrada al supermercado está al lado de los vestuarios. Entro en él y voy corriendo por los pasillos en busca de champú. Al fin los encuentro, cojo uno para la cabeza y un gel para el cuerpo, voy al pasillo de las toallas y cojo unas cuantas, sin contarlas. Vuelvo corriendo y riendo por los pasillos con mi botín entre los brazos. Patinando por los pasillos intentando mantener el equilibrio para no esnafrarme contra el suelo y acabar rompiéndome la nariz o la cabeza. Llego al vestuario haciendo una entrada triunfal patinando.

-¡No me lo creo jabón!, oleremos bien. Jajajaja.-Dijo Nuria.

-Tomar, también traje unas toallas.

-No me lo creo, eres mi héroe, jajajajaja.-Dijo Mónica.

Comenzamos a cantar y a saltar bajo las duchas, emborrachados por la felicidad que nos proporcionaba volver a sentir agua caliente en nuestros cuerpos. Con el paso de los minutos era difícil vernos entre si y eso que estábamos al lado pero la nube que habíamos generado de vapor por el calor era impresionante. Decidimos salir del agua con nuestra piel toda arrugada por el agua y comenzamos a secarnos con las toallas.

-Me encanta el tacto de las toallas nuevas- Dijo Mónica.

-A mi también es una sensación única.-Dijo Nuria.

-Mierda, no tenemos secador...-Dijo Mónica.

Nos reímos completamente relajados tras la ducha con una cara de felicidad que nada nos la podría quitar, en este momento no. Es lo único positivo de que todo el mundo se haya ido a la mierda, que estas pequeñas cosas como pueden ser el darse una ducha, lo que antes era una acción cotidiana sin mayor importancia ahora era una de las mejores cosas que te pueden pasar. Si hay algo que he aprendido desde que esto empezó es a vivir en el presente, sintiendo cada momento que va pasando en directo, sin mucho tiempo para pensar en pasados o en las consecuencias futuras de los actos, simplemente vivir el momento presente y disfrutar al máximo de él.

Al terminar de vestirnos nos ponemos a caminar suspirando, recordando la maravillosa ducha que nos acabamos de pegar. Entramos en el supermercado y dejándonos llevar por nuestro instinto o nuestro niño interior comenzamos a correr por los pasillos, abriendo cajas de bombones, chocolates, patatillas, etc. Todo lo que no comemos desde hace un montón de tiempo. Con la noción de tiempo completamente perdida nos miramos y volvemos a reír.

-Creo que deberíamos empezar a llenar carros con lo que nos queremos llevar.-Dijo Alberto.

-¿Carros?.-Dijo Mónica.

-Es la mejor forma de llevar muchas cosas.-Dijo Alberto.

-¿Cómo piensas mover las ruedas de los carros por la nieve?- Dijo Nuria.

-Cierto, mmmm podríamos ponerles unos skis.-Dijo Alberto.

-Podríamos unirlos con cuerdas y taparlos con mantas para proteger todo.-Dijo Nuria.

-Buena idea, coger vosotras las cuerdas, yo iré subiendo carros a la entrada.

Las chicas se van a buscar cuerdas mientras yo me dirijo a los carros, mierda, no tengo monedas de euro... y están enganchados entre sí. Mi cabeza se gira hacia las cajas, me voy hacia una de ellas y la tiro al suelo. La caja se abre tirando todas las monedas de su interior al suelo.

-Ala, problema resuelto...

Creo que con siete carros nos llegará, los llenaremos de cualquier cosa y al ir atados, podremos llevarlos entre los tres sin problemas. Cuando subo el último carro aparecen Mónica y Nuria con las cuerdas, perfecto. Atamos los carros de tal forma que parece un tren. Los skis también los atamos a las ruedas de los carros. No parece muy fiable como quedó todo pero bueno, hasta el bunker llegaremos. Vamos al supermercado y empezamos a coger comida de todo tipo; pasta, arroz, paquetes de patatillas y demás guarradas, chocolates, bombones, bebidas de todo tipo, etc.

-Chicas, se nos echa el tiempo encima, vayamos a por mantas y demás cosas a las otras plantas.

-Vayamos por separado así acabaremos antes.-Dijo Nuria.

Nos ponemos en marcha, yo empiezo a subir plantas hasta que llego a la cuarta, zapatería. Camino hacía donde fue mi primer trabajo. Montones de recuerdos vienen a mi cabeza, haciendo que me entristezca por un momento, recordando los momentos y a la gente. Gente que ya no está.

-¿Alberto estás bien?.-Dijo Nuria.

-Si, estaba recordando esto... pero ya está, pongámonos en marcha, no hay tiempo que perder.

-Mónica fue a por mantas, ven conmigo, tenemos que coger arcos y flechas.

-Vamos.

Subimos hasta la sección de caza y empezamos a coger distintos tipos de arcos y flechas, Nuria me explica más o menos las diferencias entre todos, algo que suena a chino en mi cabeza. También cogemos unas bandoleras que parecen militares, pueden sernos muy útiles a la hora de llevar cosas en las expediciones.

Cuando acabamos de llenar los carros, los cubrimos con mantas y las atamos a los mismos con más cuerdas.

-Llegó la hora de la verdad, la hora de ver si este invento funciona.-Dijo Alberto.

-Malo será...-Dijo Nuria.

-Sea como sea tenemos que darnos prisa, ya está anocheciendo.-Dijo Mónica.

Abrimos la puerta y empezamos a empujar los carros, al principio se atasca un poco al salir pero una vez fuera resbala perfecto. Cerramos la puerta y nos ponemos en marcha, de vuelta al bunker con nuestro botín. No habíamos pensado en el pequeño tramo de subida de gran vía hasta la calle venezuela, empujamos con fuerza, pesan muchísimo los carros, los hemos cargado hasta los topes. Una vez en calle venezuela ya es todo recto hasta el ayuntamiento. No hay nadie por las calles, la tormenta parece que ha remitido. Yo voy empujando de los carros desde atrás, Mónica va tirando de la cabecera y Nuria va tirando por el medio. Por suerte para nosotros llegamos hasta el bunker sin habernos encontrado con nada ni con nadie. Entramos dentro y metemos todos los carros en el ascensor, es lo suficientemente grande, diseñado para a saber con que fines pero aquí dentro entraría un coche sin problemas.

-¡Nos hemos cruzado con los reyes magos!- Dijo Alberto sonriente.



 Todos corrieron hacia nosotros menos el loco que seguía mirando el libro que le di. Presenté a Nuria a todos y nos llevamos el botín a las mesas y comenzamos a comer bombones, patatillas, refrescos y demás guarradas. Mónica, Nuria y yo nos miramos sabiendo que tenemos que contarles que estamos en peligro, pero no es el momento, están felices disfrutando de esto que hemos traído, no hay que amargar el momento.
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La llama de hielo, capítulo 1x15 "Compras" by Alberto Leiva Pallares está baixo unha licenza Creative Commons Recoñecemento-NonComercial-SenObraDerivada 3.0 Unported.

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