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sábado, 20 de julio de 2013

Extra 1 de "La llama de hielo": Tragedia en los Norte

LA LLAMA DE HIELO


Extra 1:

Tragedia en los Norte”

Tengo que darme prisa, mi hijo Jose necesita un inhalador urgentemente. La farmacia no está lejos, vivo en el edificio que hace esquina en la calle Via Norte con la calle Urzáiz, la farmacia está un poco más allá de los cines Norte. El frío no me deja pensar con claridad, me tirita todo el cuerpo y no tengo ropa suficiente como para cubrirme de él. En casa también hace mucho frío, esto es un infierno. Además están esos bichos peludos que se comen todo lo que ven, personas, perros, gatos, palomas, gaviotas. No le hacen asco a nada, están enfermos. Cada paso es un sufrimiento constante, se me están congelando las piernas pero tengo que conseguirlo, mi hijo solo tiene seis años. Mi marido Nacho murió al día siguiente de infectarse con esa máldita gripe solar, como le llamaban los medios de comunicación, Jose y yo también estamos infectados pero cada día que pasa vamos a mejor, la fiebre está remitiendo y las fuerzas poco a poco vuelven, el problema ahora es Jose, su inhalador se ha acabado y necesitamos otro, podría habermelo traído pero se congelaría con este frío. No tenemos ropa suficiente.


 Paso por los cines Norte y llego a la farmacia, la puerta está cerrada, aunque me tiembla todo el cuerpo consigo dar un golpe fuerte a la puerta y abrirla. Entro dentro, donde guardan los medicamentos y busco los inhaladores, al cabo de un rato de búsqueda reconozco la caja, cojo dos y las guardo en mis bolsillos, tengo que marcharme ya o me moriré congelada. El temblor de la mandíbula por el frío hace que me duelan los dientes al golpearse entre si. Al salir de la farmacia escucho un fuerte ruído, es en la estación de tren, que demonios ha pasado. Cruzo la calle lo más rápido que puedo. Desde aquí arriba veo como se ha caído un cacho del techo. Hay alguién dentro, ¡oh no!, ¡tengo que largarme de aquí ya!, que no me vean... Son ellos. Son los soldados esos de negro. Van vestidos de negro con ropas como si fueran del espacio, llenos de armas. Van matando a todo lo que ven. Los pude ver hace dos días como pasaban por la calle Urzaíz hacia arriba. Iban detrás de esos otros bichos, los más peligrosos. No tienen nada de pelo, su piel es completamente blanca, son muy grandes como si fueran culturistas en niveles extremos, son rápidos y fuertes también atacan a todo lo que ven como los soldados les dan igual lo que sea. No están solos ahí abajo, hay algo más. Es un bicho enorme, que demonios es eso... Le empiezan a disparar pero parece que no le hacen nada, ¡los está matando a todos!, ¡Tengo que irme ya!. Cruzo otra vez la calle a tumbos, con pasos muy pequeños y con los pies casi arrastrando. Llego a la altura de los cines Norte, no puedo más, me pesa todo el cuerpo. Me agacharé en el suelo cubierta por la pared del aire frío e intentaré ganar un poco de calor colocandome en posición fetal. Mi pobre Jose, esperame, iré ahora pequeño. Siento como lo estoy consiguiendo, los temblores van cesando pero un estúpido sueño me va ganando, no, no puedo, tengo que levantarme. Lo intento pero es inútil mi cuerpo no me responde, me voy a morir, mi pobre Jose, está solo. Siento como las lágrimas que salen de mis ojos se congelan y seguidamente siento mucho, mucho sueño.
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Extra 1 de "La llama de hielo": Tragedia en los Norte por Alberto Leiva Pallarés se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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