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jueves, 27 de junio de 2013

La llama de hielo, capítulo 1x05 "Lógica impulsiva"


LA LLAMA DE HIELO

5.-“Lógica impulsiva”

«Las consecuencias son resultados inevitables cuando las decisiones ya se han ejecutado.»

Arrodillado desde el suelo, sin frío, con la respiración agitada, el corazón quería romper mi pecho y escaparse a algún lugar seguro, el cañón de la MP44 listo para gritar una ejecución solicitada. El final, mi final estaba ahí, no había salida hasta que un giro del destino hizo que todo cambiara y se tornara de un color completamente distinto. Caprichoso el destino siempre contrario a lo que uno espera o lo que cree que sucederá con seguridad. Rompiendo las lógicas humanas, convirtiéndolas en simples retales en papel mojado y pisoteado. De la puerta principal llegó hasta nuestros oídos el sonido de la libertad. Un sonido seco y antiguo como solo podía tener una vieja y pesada puerta de hormigón. Se había abierto ante la atenta mirada de todos los que habitábamos el bunker. De ella una sombra tambaleante, sin fuerzas y algo apresurada comenzó a moverse hacia nosotros. Un seguidor de Juan se aproximó al pasillo apuntando con su MP40 hasta que vio quien era y bajó el arma. Era el alcalde, con los ojos ensangrentados, la infección se había apoderado de él, ya no le quedaría mucho tiempo de vida. Su tono de piel pálido, con las venas marcadas en un azul oscuro, heridas por toda la piel como llagas. Sus ojos... la sangre sale de ellos como si fueran lágrimas.

-¡Está todo perdido!, ¡está todo muerto... todos muertos!, ¡no queda nada ya!- Gritaba el alcalde mientras se acercaba al seguidor sin nombre de Juan.

La gente se quedó boquiabierta al ver el estado en el que estaba el alcalde, sería el momento perfecto para darle un codazo en los huevos a Juan, tirar del arma hacia abajo mientras me levanto y rematar la jugada dándole un golpe seco en la garganta. Tengo que ver si tiene el dedo en el gatillo. Miro a Alex, también me está mirando le indico con los ojos que voy a hacer algo. No sé si me habrá entendido ha puesto una cara rara. Espero que sí. Muevo lentamente la cabeza y observo que el dedo no está en el gatillo, el muy gilipollas está mirando al alcalde. El punto de distracción perfecto. Todos han bajado las armas y están mirando para él.

-¡Tengo hambre, ahí fuera no hay comida y hace frío, mucho frío!- Dijo el alcalde acercándose al hombre con la MP40.

El alcalde se pegó al seguidor de Juan, un principio de desfallecimiento en sus piernas sin fuerzas hacen que el hombre suelte su MP40 y agarre al alcalde. Entre gemidos el alcalde le muerde en el cuello y le arranca un trozo de carne. La visión y el grito del mordido eran horribles, como la carne se fue separando de su cuello hasta quedar en un trozo ensangrentado en la boca del alcalde. Masticando con cierto placer en su rostro le empezaban a caer trocitos manchados de sangre por su barbilla, resbalando por su sucia camisa hasta caer en el suelo. El herido se echó las manos al cuello para parar la hemorragia pero estaba difícil, la sangre salía de su cuello como si fuera una fuente. Algunos se acercaron a él para ayudarle pero era inútil, su cuerpo iba empalideciendo y sus ojos iban pasando a un tono grisáceo sin vida. Los gritos se hicieron dueños en aquel momento, mi momento. Con movimientos rápidos clavo mi codo en los huevos de Juan, quien se inclina del dolor. Momento en el que le quito el arma. Seguidamente aprovechando su inclinación cambio de planes y le doy un rodillazo en la cabeza. Sus seguidores estaban disparando al alcalde y habían perdido el control. Una lluvia de balas convirtieron ese cuerpo enfermo en un colador borboteante de sangre. El suelo se tiñó de sangre, dejando la moqueta toda encharcada. Juan estaba en el suelo medio inconsciente. Alex ha seguido mi ataque y también se ha hecho con un arma. Janet, Javier, Carlos, Alicia y los señores también me han seguido. Apuntándonos entre todos con nuestras armas nos convertimos en dos bandos como si fuéramos pandilleros del bronx. La gente comienza a gritar y a escaparse por el pasillo principal. Otros se tiran al suelo o se cubren en algún sitio. Me pongo detrás de Juan y agarrándolo por la parte trasera de su anorak lo levanto usándolo de escudo humano. Si deciden disparar él detendrá las balas, será mi chaleco antibalas.

-¡Tirad las armas y os dejaré marchar!- Gritó Alberto desafiante.

La tensión y los nervios estaban a flor de piel, un movimiento en falso o una duda y la orgía de muerte se desataría en un abrir y cerrar de ojos. Las dudas entre sus leales empezaron a dar frutos, casi todos tiraron las armas y echaron a correr como alma que lleva el diablo hacia la puerta de entrada. Solo quedaban tres de ellos y Juan.

-Puta, voy a metértela por todos tus agujeros, estés viva o muerta.- Rompió el silencio el de la nariz rota mirando hacia Janet.

De pronto un disparo hizo que todos abriéramos los ojos y nos pusiéramos alerta. Décimas de segundo que parecen horas, ¿quién había disparado?. El imbécil con la nariz rota se cayó al suelo gritando como un cerdo moribundo. Janet había disparado a la entrepierna del bocazas. La nariz rota y sin... bueno, sin nada, de allí solo salían trozos de carne y sangre. El tipo se echó las manos a la entrepierna mientras gritaba de dolor. Los otros dos tenían miedo pero no corrían, apunté hacia la cabeza de uno y justo cuando iba apretar el gatillo alguien se me adelantó. Alex ejecutó a los otros dos con dos disparos rápidos y precisos a sus cabezas. El de la nariz rota seguía gritando de dolor. Tiré a Juan al suelo me acerqué al de los huevos rotos y le disparé en la cabeza. Un silencio absoluto se apoderó de la sala central. Otro menos, solo queda Juan, quien ya había recuperado el conocimiento y me miraba sabiendo que el sería el siguiente. Buscando alguna vía de escape que le permitiera salir y escaparse de una muerta casi segura. Seguramente se esté lamentando, sabiendo que me tenía arrodillado con su arma apuntando a mi cabeza, un simple movimiento de dedo habría cambiado aquel momento, todo habría sido distinto. Sin saber muy bien por que, la compasión se apodero de mí, no quería matar a nadie más, aunque Juan tuviera más papeletas que nadie para viajar al mundo de los muertos, su momento no sería este, no en este lugar. Por otro capricho del destino yo estaba al frente de las decisiones a tomar en ese momento y así se haría. La mirada de Juan era de impotencia, de rabia, si pudiera me arrancaría la cabeza con la mirada.

-Vas a vivir pero como te vuelvas a cruzar en mi camino, no seré tan misericordioso y acabaré contigo.

-¡Estás loco!, ¡iba a matarnos!.-Replicó Janet.

-Quizás me equivoqué en esta decisión o igual no pero no va a morir hoy.

-Si no lo matas tú, lo mataré yo Alberto- Dijo Alex mientras se acercaba a Juan y le ponía la Luger en la cabeza- No pienso correr el riesgo de dejarlo marchar.

-No lo hagas Alex.

-¿Por qué no?, él lo habría hecho. Dame un motivo por el cual debamos perdonarle la vida a este hijo puta.

-Porque no somos como él, no somos asesinos.

-Has matado a unos cuantos, yo no he matado a nadie- Interrumpió Juan.

-Cierra el pico.- Dijo Alex mientras le daba un golpe con la culata de la Luger en la cabeza.-No le hagas caso Alberto, casi violan a Janet o ya te has olvidado, nos iban a matar y nos han golpeado sin venir a cuento.

-Tienes razón Juan, he matado a unos cuantos y lo volvería a hacer si estuviera en la misma situación, Alex, también tienes razón, lo ha intentado y no lo ha conseguido. Deja que se vaya no es más que un gilipollas.

-Te estás equivocando Alberto, te estás equivocando, esto será un error...-Dijo Alex apartándose de Juan.

-Quiero un arma para salir ahí fuera.

-Lárgate ahora si no quieres que cambie de opinión.

Juan se levanto y se marchó corriendo del bunker. Janet se acercó a mi y me dio un abrazo. Un abrazo más que necesario, yo le devolví el gesto apretándola contra mí y dándole un beso. Alex y los demás se acercaron.

-Alex, es lo mejor ya hemos matado a mucha gente, no eran inocentes pero ya han sido demasiados, no hay que añadir uno más a la lista.

-Te apoyé en todo menos en esto tío, no estoy de acuerdo, eso ha sido un error.

Me gustaría decirle algo que le hiciera cambiar de punto de vista pero en cierto modo tiene razón. Casi nos mata y si no hubiera sido por las circunstancias del destino estaríamos muertos ahora mismo pero también hemos dejado marchar a los demás. Realmente al único que quería cargarme era al de la nariz rota, los demás han sido daños colaterales.

-Quiero daros las gracias, podríamos haber muerto hoy aquí pero hemos salvado el día. En parte gracias al alcalde que nos abrió la puerta aunque ya no se parece mucho a lo que era, da bastante asco al mirar en el estado que está.- Dijo Alberto arrodillándose en el cadáver del alcalde.-Fijaros, tiene como llagas o algo.

-Es como si el virus se comiera la carne desde fuera.-Dijo Janet.

-Es asqueroso, estamos realmente jodidos como nos infectemos con esa mierda. Dijo Carlos.

-¿Creéis que la gente estará viva fuera?. Dijo Raquel mientras abrazaba a su hijo Daniel.

-No lo sé, pero Janet y yo iremos a comprobarlo. Iremos a nuestras casas a ver si están bien.

-Raquel, Daniel y yo nos iremos a hacer lo mismo. Dijo Alex con tono desganado y frustrado con la mirada baja.

-Nosotros nos marchamos juntos, iremos en busca de supervivientes.- Dijo Javier señalando a Carlos y Alicia.

-Nosotros nos quedamos en el bunker... Somos mayores y ya no nos queda nadie vivo fuera, ni lugar a donde ir. Nuestros cuerpos no aguantarían largas caminatas con ese frío que se cuela hasta los huesos. El reuma es jodido a nuestra edad. Además aquí estaremos a una temperatura decente y tenemos alimentos para una larga temporada. Ahora que os vais todos tenemos mantas y mantas para no pasar frío.- Dijo Manuel mientras María, Camila y Antonio asentían.

-¿Qué pensáis de ese loco?, sigue mirando hacia la puerta. El tío ha seguido mirando incluso con los disparos.- Dijo Carlos.

Todos miramos hacia él y un largo silencio se apoderó del momento. Cada uno pensamos en alguna cosa hacia él. Quién sabe lo que pensarían los demás, yo estaba sintiendo lástima por él. Me daba pena incluso después de haberme pegado. Lleva desde que entramos junto a esa puerta y no se alejó ni un momento. Da miedo con solo pensarlo.

-Dejémoslo ahí, si él es feliz ahí, quienes somos nosotros para quitarle la ilusión.

Decidí ser yo el primero en romper el hielo. Todos hicieron un gesto como de aprobación de mis palabras.

-Bueno, creo que nosotros nos iremos ya. Ha sido un placer haberos conocido, espero que todo os vaya bien a partir de aquí. Gracias por vuestra ayuda y por vuestro apoyo y gracias por salvarme la vida en varias ocasiones.

Alex vino hacia mí y me dio un abrazo, me deseo suerte y que ojalá todo me fuera bien por ahí fuera. Yo le deseé lo mismo y que anduviera con cuidado. Uno a uno nos fuimos despidiendo hasta que Janet y yo nos pusimos en marcha. Cubiertos por ropa a los topes, a modo cebolla unas cuantas capas para escapar del frío. Además de unas bragas para el cuello del ejercito alemán que estaban en el almacén.

Al salir de la puerta de hormigón vas a dar a un descansillo con un elevador. También hay escaleras pero ¿si el elevador funciona por que no usarlo?. Por suerte para nosotros aun sigue funcionando. Entramos dentro y le damos al botón de la “planta baixa”, la salida al mundo. Mientras subimos los dos nos quedamos mirando sin decirnos nada. Janet tiene unos ojos preciosos. Oscuros y brillantes, su mirada derrocha ternura y bondad tras un fuerte carácter. Según vamos subiendo la temperatura va bajando cada vez más. Al llegar arriba comenzamos a tiritar. Recordaba menos frío cuando entramos aquí. Aunque igual es el cambio de temperatura de estar tanto tiempo a una temperatura bastante más alta. El ayuntamiento esta todo destrozado, han arrancado las maderas y todo lo que puede arder. Han hecho una gran hoguera para mantenerse a salvo del frío. La pregunta es ¿a dónde han ido todos?. No hay nadie, solo restos de la hoguera, papeles y basura tirados por el suelo, plantas muertas, completamente quemadas por el hielo. Caminamos por el vestíbulo hasta la puerta de salida. Una puerta que está abierta por los que ya han abandonada el lugar. Al salir la visión es desoladora. Está todo completamente congelado. La vegetación no existe es todo nieve y hielo, es horrible. La estatua de Jensen está congelada con nieve por encima. Camino hacia ella y me quedo mirándola por un tiempo mientras pienso en todo lo que ella significa. Todo el esfuerzo realizado, lo que me costo llegar a cumplir ese sueño y total para nada. El dinero ya no sirve de nada en este mundo y la fama sirve para lo mismo que el dinero, para nada.

-Alberto, tenemos que irnos me estoy congelando, no siento las manos ni los pies.

-Vámonos.

-Tendremos que ir andando rápido si no nos congelaremos. Tápate la boca con la braga del cuello y respira a través de ella. Nunca respires sin eso en la boca, el aire está demasiado frío. Si notas algo raro avísame.

Le hice un gesto a Janet con la cabeza y comenzamos a caminar.

-¿A dónde vamos primero?.

-¿Tú donde vives?.

-En la calle pino.

-Entonces vamos primero hasta allí, está más cerca que mi casa.
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"La llama de hielo" por Alberto Leiva Pallarés se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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