Lista

"Elegir contenido para leer"

domingo, 19 de mayo de 2013

“Filtro sin cadenas”


Filtro sin cadenas”

Rose sabía que aquella era su única oportunidad de salir de aquel agujero en el infierno. Sabía que si se marchaba de allí, rompería las cadenas que le mantenían presa para poder correr libre por un paraíso desconocido para ella. El pájaro llamado Chevrolet, estaba a tan solo a unos metros. Esperando ansioso que su nueva dueña cabalgue con él miles de kilómetros sin parar.

Un motín, el motín desencadenador de la locura más extrema. Todo fue perfecto. Los guardias de la cárcel hicieron lo que tenían que hacer. Contener a las presas seguido de lo que siempre hacían. Violarlas. Por suerte para Rose ella nunca había sufrido aquellas brutalidades. Pero esta vez era distinto. Quería que los cabrones la llevaran a la sala del amor. Así la llamaban los guardias. Una vez consiguió su magno plan. Hizo lo que tenía previsto. Antes que ninguno de esos gordos obsesionados con el sexo forzado llegara a penetrar su preciada vagina. Ella saco un puñal hecho con material de la cocina que escondía en su muñeca derecha. Directo a los huevos del primer guardia. El más cercano. Seccionó la mitad de su miembro, lo que hizo que empezara a chillar como un desgraciado. Rose sabía que era su momento, ahora o nunca. Comenzó a lanzar su puñal hábilmente a las gargantas de los guardias. Eran tres y los tres yacían doloridos y ensangrentados en el suelo. Sin sus miembros, que permanecían muertos en el suelo. Rose cogió las llaves de la prisión y una pistola de uno de los guardias. Solo dos puertas la mantenían alejada de la libertad... de su pájaro liberador llamado Chevrolet.

En su interior podía escuchar a su propia voz diciéndole “Corre Rose, corre”. Hecho. Una vez fuera allí lo está. Su Chevrolet.

Con el motor encendido y el coche en marcha, pisó el pedal del acelerador hasta el fondo para alejarse de aquel lugar. Rose empezó a recordar el porqué había estado en prisión. Su exmarido le había pegado desde que se habían casado hasta que al quinto año tras una paliza ella acabó con aquel miserable. Cuando la policía llegó a su casa ella estaba durmiendo en la cama mientras su marido estaba muerto desangrado en el suelo del salón. Cuando el juez le preguntó “¿Qué hacía usted dormida en la cama?”. Rose sonrió y dijo “Era la primera vez desde hacia mucho tiempo que no tenía miedo a que ese cabrón me golpeara mientras estaba dormida”. El juez le dijo que la entendía y que él quizás habría hecho lo mismo pero que las leyes le obligaban a actuar muy a su pesar en esos casos. Aunque si es cierto que solo le puso un año de prisión. Del cual solo cumplió una semana. Una semana en la que organizó el motín para ir a la sala del amor y desencadenar una orgía de placer en su interior.

Esta vez sí, pensó Rose. Esta vez sí, seré libre. Encontraré a un chico que me haga feliz y me largaré de esta mierda de pasado que me persigue. Ella sabe que en algún lugar hay un chico que le hará olvidar aquel tormento sufrido para que un día siendo anciana le cuente a sus nietos que una vez, hace mucho tiempo ella había tenido un mal sueño. Un mal sueño al que llamaría pasado.

Dos horas después de emprender el viaje hacia ninguna parte vio una furgoneta ford parada en el arcén. Deceleró el Chevrolet y observó la situación. La furgoneta tenía el capó levantado y un chico intentaba repararlo. El corazón le dio un vuelco al pensar en no pararse. En ese momento pisó el freno y se bajó de su Chevrolet. Se acercó al chico y le preguntó que le pasaba. Él le dijo que se llamaba Joe y que su coche se había detenido. Rose no pensó otra idea mejor que decir que ella sabía de mecánica y que había crecido en una granja. Algo totalmente falso. Ella había nacido en New York y siempre fue una chica de ciudad. Lo más que sabía de mecánica era de lo que veía en las películas de coches que a ella le encantaban. Lo primero que se le ocurrió fue decirle que era el filtro del aire y que no se podía arreglar. Rose no sabía que era pero sentía algo por aquel desconocido que acababa de conocer. Quizás fueran sus ojos rojos como tomates de haber estado llorando durante bastante tiempo o que una voz sin alma le pidiera ayuda como un niño le pide a su madre que le proteja entre sus brazos.

Ella quería protegerlo, quería irse con él. Quería vivir una aventura, conocerlo. Marcharse de ese pasado y comenzar un nuevo amanecer con ese desconocido al que acababa de conocer. Al rato de estar hablando. Rose le preguntó a donde iba. Joe le dijo que se iba al lugar al que llaman lejos. Rose sonrió y le dijo que también iba en esa dirección. Rose le pregunta si le puede acompañar ya que ella ha tenido un problema hace un par de horas. Joe sonríe una vez más y le dice que sería un placer ir con ella en esta aventura. Rose se pega al bueno de Joe y le da un beso en los labios. Un beso fuerte y cálido que hace reaccionar a Joe. Que le devuelve el beso mientras la levanta por la cintura al abrazarla. Dejan de besarse y mirándose a los ojos sonríen como dos recién casados a punto de embarcarse en su luna de miel.

Se montaron en su Chevrolet y se largaron dando un acelerón. Atrás quedó la furgoneta del bueno de Joe, con sus cuatro intermitentes y un faro roto como guiñándole un ojo a Rose. Algo que le hizo reír. Se giró hacia Joe, se le quedo mirando y le dio otro beso en los labios. Esta vez fue un beso de esos que se dicen te quiero sin haberlo pronunciado.
Licencia Creative Commons
"Filtro sin cadenas" por Alberto Leiva Pallarés se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada