Lista

"Elegir contenido para leer"

viernes, 9 de julio de 2010

El diario de Jensen capitulo 1x03

Bueno como cada semana, subo otro capítulo, esta vez el tercero.

Saludos y espero vuestras opiniones y criticas.



3.- “Un día de trabajo”


El sonido del despertador me despierta a las 8:00 AM, como todos los días laborales.


Otro día comienza, mis alas han desaparecido otra vez, tímidas a la luz del sol. Se esconden cada mañana, como si lo ocurrido a la noche hubiera sido un sueño. Me pregunto si ¿solo saldrán de noche?, quizás sea así. Por eso por el día puedo hacer vida normal, como el clásico superhéroe que cada noche sale en busca de gente en peligro.


Me levanto y miro por la ventana. Parece que va a ser un día de calor, despejado sin ninguna nube a la vista. Me preparo la ducha, el agua caliente. Soy incapaz de ducharme con el agua fría, otros prefieren el agua templada. A mi me gusta caliente, no hirviendo pero si caliente.


Tras la ducha me pongo mi traje, negro con camisa azul celeste y corbata de rayas doradas, con rayas azul celeste. Trabajo en una importante empresa nacional de venta al público. Obligados a llevar traje como uniforme de trabajo. No me quejo, es cómodo y elegante.


Ahora es el momento del desayuno, una taza de café con leche. Me voy a la ventana del salón. Debería ser una terraza, pero el anterior inquilino quitó la terraza ampliando el salón. Es una gran ventana que ocupa toda la pared. En frente tengo la montaña en la que estuve a noche. Detengo la mirada sin un punto fijo mientras me tomo mí taza de café.


Salgo de casa. Vaya, el ascensor no está en esta planta. Es una gran estupidez pero siempre que sales, deseas que el ascensor esté en tu planta. Podría bajar andando, pero estoy en un doce y las ganas son escasas.


Por fin estoy en la calle, me dirijo al trabajo. Podría ir en autobús, en coche o en taxi, pero me gusta andar. Parece que hoy es mi día de suerte, a medida que voy llegando a los semáforos se van poniendo en verde.


Después de esta curva llegaré a mi destino, espero que sea un día fácil, no tengo ganas de discutir con nadie y mucho menos aturar a ningún cliente. En la entrada está Mark fumando. Me había olvidado por completo del y su invitación para salir, ¿Qué le digo ahora?, no pensé en ninguna escusa.


- ¡Hey!, Jensen - dijo Mark mientras ponía su mano derecha sobre mi hombro izquierdo.

- ¿Qué tal Mark?, ¿Cómo te ha ido? - Pregunte mientras una leve sonrisa se dibujó en mí cara, un simple gesto de complicidad.


- ¡Buah!, fue un fin de semana agotador. He conocido a una chica, que es preciosa –



Vaya, se le ve emocionado, parece que no soy el único al que le ha impresionado una mujer este fin de semana. Solo que él habló con ella, conoce su nombre y posiblemente sepa donde vive. Yo no tengo más que un clip del pelo que se le cayo y una intensa mirada entre los dos. A su lado lo mio no es más que un simple hecho que no merecería la pena recordar. Salvo que su mirada consiguió despejar mi mente de pensamientos, mientras nuestras miradas se cruzaban en fuego directo.

- Vaya, me alegro, ¿y vovlereis a quedar?. Ahora nos toca un día en este infierno – Se lo pregunto mientras caminamos hacia los ascensores, como si me importase, sinceramente me da igual si va a quedar o no. En este momento tengo más preocupaciones.


- ¡Si, tío!. Esta noche he quedado con ella. Iremos a cenar al Raninni -


- Vaya, es un restaurante italiano, a las chicas les gusta la comida italiana – Salvo a Christine, que la llevé una vez a cenar a uno y me montó un escándalo por no llevarla a otro sitio, según ella, decía que mi objetivo era impresionarla para conseguir con ella lo que me propusiera. Tras ese comentario me levanté, me fui y nunca más volví a saber nada de ella.


Llegamos a los ascensores, parece que me libré de improvisar una escusa de porqué no lo llamé, para salir con él.


- Bueno a las 17:00 PM estaremos fuera, espero no tener que aturar a ningún cliente pesado – Se lo digo, intentando cambiar de tema.


- Con calma Jensen, recuerda que estamos en zapatería esto es una locura todos los días. Por cierto ¿Que tal tu fin de semana? -


Vaya, la pregunta no deseada. ¿Que decirle ahora?, lo mejor es responder con una respuesta cerrada que no deje opción a preguntar nada más sobre esto.


- Pues, estuve ordenando el piso, comprando y descansando. Un fin de semana relajado -. Espero salir bien del paso.


- Está bien, yo debería tomarme uno de esos fines de semana, bueno ya llegamos, yo voy a hablar con el jefe – dijo Mark mientras se marchaba en dirección al jefe.


Bien, al final salió bien. Saludo a mis compañeros. Me acerco a un terminal y me dispongo a fichar.


Se me acerca una señora de estatura media y pelo canoso y me pregunta - ¿dónde están los zapatos de mujer?- .


- Los tiene justo en frente -. Siempre vienen a preguntar algo cuando estás fichando, curioso sin duda.


Bueno ya es la una, solo tengo que aguantar un poco más. El día no esta muy movido, pocos clientes y no muy pesados. Algunos miran y se van.


De repente una voz dulce y tranquila me susurra - ¿Perdone, trabaja aquí? -. ¿No puede ser?, es ella... La chica del clip del pelo. Es preciosa, no puedo dejar de mirar a sus ojos, sin pensar en nada, me atrapa su mirada, inmóvil como un cuerpo inerte solo puedo mirarla. Por un momento reacciono y le contesto. - Sí, trabajo aquí, ¿qué desea? -.


- Querría un 39 de este zapato – Su voz es preciosa, sus ojos son increíbles aunque mejor es su mirada. El olor de su perfume me envuelve en deseo.


- Iré al almacén a buscarle uno, enseguida vuelvo –. Incapaz de comprenderlo, ¿Cómo está ella aquí?, de todos los vendedores me pregunta a mí. Es curioso lo que es capaz de sorprendernos el destino. Quizás debería decirle que tengo su clip del pelo, decirle que ayer la vi y me quedé hipnotizado por su belleza. No se que hacer, si se lo digo igual se asusta y piensa que soy un acosador o un loco.


Es curioso lo que a veces nos depara el destino, ayer veo a una increíble mujer que no sale de mi cabeza y hoy la vuelvo a ver en mi trabajo. Mejor esperaré a que ella me diga algo y me haré el sorprendido.


Cuando salgo del almacén la veo, enfrente mía, hablando por el teléfono, Su novio, su amiga de la infancia, algún familiar.

Cuando me acerco le oigo decir que tiene que colgar, que le llamará mas tarde. Mis ilusiones frustradas al pensar que quizás sea su pareja o algún amigo especial, su cara era de felicidad y su tono cariñoso. - Aquí tiene, un 39 -. Se lo digo mirando sus ojos, su cabeza se tuerce levemente hacia la derecha y se acaricia el pelo cuando le hablo, ¿será una señal?, ¿O simplemente es así?.


- Vaya gracias, tenía miedo de que no los hubiera. ¿Me los puede poner para regalo? -. Otra vez su mirada se clava en mi mientras una leve sonrisa acompaña a sus palabras.


- Claro, venga por aquí, se los cobro y se los empaqueto – Me encanta el respeto y la dulzura con la que habla.


Va a pagar con tarjeta, se le resbala de su mano apresurada y se le cae al suelo. - Ayer perdí un pasador del pelo al que le tengo un cariño especial y ahora solo faltaba que perdiera la tarjeta –. Me dijo temblorosa mientras se enrojecía.


- No se preocupe, yo pondría todo mi empeño en ayudarle a buscarla – Podía haberle dicho que yo lo tenía, que quería quedar con ella para devolvérselo, pero las palabras no salieron de mi boca, ademas no sé si me volverán a salir las alas para siempre o seguirán saliendo por las noches, sería un riesgo.


- Vaya, quedan pocos caballeros como usted, atentos, educados y muy atractivos – Un impulso interno me acelera el ritmo cardíaco, unas simples palabras pueden hacerte sentir algo así.


- Muchas gracias, usted es guapísima y sus ojos son preciosos –. Me sonríe como si la hubiera dejado sin palabras, me entrega su tarjeta. No lo puedo evitar, al comprobar el nombre y la firma con su DNI, miro su dirección, “calle Colón Nº 13 6-A”.


Cuando acabo de empaquetar se lo entrego y le agradezco la compra, no se si la volveré a ver pero ya sé donde vive. Esta noche si me salen las alas quizás le haga una visita.


Las siguientes horas pasaron volando, tras la visita de la chica. Mierda, no me fijé en el nombre, me fijé en la dirección pero no en la firma, ni en el nombre, justamente mi deber como vendedor.


A las 17:00 me acerco a un terminal, ficho y me voy, lo más rápido que puedo. Tengo que ir a casa, intentaré descansar un poco, limpiaré, prepararé la cena y esperaré la llegada de mis alas.



Licencia de Creative Commons
El diario de Jensen by Alberto Leiva Pallares is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

martes, 6 de julio de 2010

"Carta de guerra 4"

"Carta de una enfermera"

Querido Dimitri, hace ya dos semanas que te marchaste a la invasión de China. Desde entonces no he dejado de pensar en tí y en tus preciosos ojos azules, con esa mirada fría y penetrante que consigue ponerme el vello de punta con solo mirarte. Echo de menos el dormir entre tus brazos, el trabajar contigo en el hospital de campaña y el poder besarte y acariciarte. Espero que estés bien en China.

Yo sigo en el campamento base de Londres, atendiendo a los heridos que nos llegan cada día más los que ya teníamos. Ayer llegó un chico Ucraniano de apenas quince años, al que hubo que amputarle las dos piernas, parece ser que le explotó una granada que el mismo lanzó.

También nos llegó un sargento al que le habían disparado en la parte superior del hombro izquierdo. No hace más que quejarse y de querer marcharse de una vez al frente, dice que no quiere estar sentado en una cama de hospital mientras sus compañeros están combatiendo.

La semana pasada recibí una carta de mis padres desde Dublín, los soldados rusos que están en irlanda están saqueándolo todo. Se llevaron todo de nuestra casa, hasta los ahorros que tenía mi padre guardados.

Quiero que se acabe la guerra de una vez, ya no puedo más, no quiero ver morir a mas gente en mis manos, cada vez vienen soldados mas jóvenes, muchos llegan muertos. El otro día escuché decir a un oficial ruso que los americanos se estaban replegando para hacer una gran ofensiva, que era vital tomar China en un máximo de tres meses.

También hablaba algo de un arma biológica que estaban desarrollando los chinos en unos laboratorios escondidos varios kilómetros bajo tierra, capaz de hacer que un soldado pueda seguir luchando quince minutos después de habérsele parado el corazon. Debes tener cuidado, si ahora te perdiéra no sé que sería de mi. En estos momentos eres lo único que me hace luchar cada día y ver que aunque todo este muy mal, hay alguien que me espera y me desea tanto como yo a él.

Espero recibir una carta tuya en las próximas semanas, asi sabre que sigues ahí y que mi ilusión sigue viva.



Un beso, Jessica O'Connor


Licencia de Creative Commons
Cartas de guerra by Alberto Leiva Pallares is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

sábado, 3 de julio de 2010

"Carta de guerra 3"

"Carta de un soldado Ruso"


Queridos padres, espero que todo vaya bien por Perm y que no os falte de nada. Os escribo esta carta para que sepáis nuestros avances y que vuestro hijo, Dimitri Tokoyev sigue vivo.


Llevamos un mes en Londres, hay muchas de las cosas que se hacen, que soy contrario a ellas pero ya sabéis que o sigo en esto o me fusilan por traicionar a la madre patria.


No soy capaz de olvidar algo que pasó en la primera semana. Desde el hospital de campaña pude ver a tres soldados del cuarto pelotón que traían a una chica francesa, dijo que se llamaba Marie, morena de pelo rizo, su mirada era dulce e inocente, delgada y humilde. Ellos la retuvieron con la escusa de no realizar el saludo al pasar ellos por delante. Entre risas y alcohol violaron a la pobre chica, la golpearon y finalmente la mataron. Pude ver por la noche que habían tirado el cadaver a una fosa donde había otros cuerpos considerados de "traidores a la patria", "espias"y los más odiados, "miembros de la Alianza Rebelde".


Días posteriores escuche decir a Yokosev, uno de los tres, que la "puta francesa no dejaba de gritar que estaba embarazada", no lo pude evitar entre en cólera y le di un puñetazo, como alguien puede llegar a cometer tal burrada y verse respaldado por sus compañeros.


Al día siguiente era como si no hubiera ocurrido nada, tuvimos que ir al norte donde había una fuerte resistencia por parte de la Alianza Rebelde. Al llegar allí las ordenes fueron claras, avanzar y dividir las tropas enemigas creando confusión, además de disparar sin perdón y sin compasión, el que no lo hiciera así, sería ejecutado por "traicion a la patria".


El enfrentamiento fue duro, los soldados no paraban de solicitarme, al grito de - ¡Doc ven enseguida! -. Después de atender a dos soldados con heridas leves, me sorprendí al ver tirado sobre el suelo al soldado Yokosev Marchtok, con una herida de bala en el pecho, rogando que por favor le salvara la vida. A mi memoria vino la mirada de la joven francesa a la que el y sus dos compañeros habian violado y matado, mientras ella pedia clemencia y que la dejaran volver a su casa. No pude hacer nada en cuestión de pocos minutos dejo de respirar, la pérdida de sangre era tan rápida y abundante que no me dio tiempo a abrir el maletín.


Dos días más tarde sucedió algo que jamás olvidaré en mi vida. Estábamos rodeando un edificio en el que había cuatro soldados de la Alianza Rebelde, tras lanzamientos de varias granadas y varios disparos, la resistencia había cesado, los gritos de dolor de algún herido se podían escuchar a varias manzanas. Mis camaradas comenzaron a golpear sus botas a modo de tambor y cantarles a los posibles supervivientes que su muerte estaba próxima, sus cabezas serían arrancadas y devoradas por perros.


Tras unos minutos vi lo mas heroico y valiente que se puede esperar de un guerrero cansado de luchar, ansiando el descanso que había olvidado ya tras tres años de guerra. Un soldado de la Alianza Rebelde, abrió la puerta y salió completamente desarmado, rápidamente todos mis camaradas empuñaron sus fusiles y le apuntaron. Alguien gritó -¡Muere escoria!-, y las armas comenzaron a dispararse, atravesando al soldado que cayo fulminado en el suelo.


Me acerqué corriendo y comprobe que en su cara tenía una leve sonrrisa, alzó su mano y en un último suspiro me entrego un papel doblado sobre si mismo varias veces. Al abrirlo comprobé que se trataba de una carta de despedida, escrita minutos antes de ser ejecutado.


Varios días mas tarde fui trasladado al hospital del campamento base, donde conocí a una enfermera llamada Jessica, pelirroja, metro setenta de estatura y de complexión normal. Sus ojos eran azules con cierto tono grisaceo. Su sonrrisa transmitía paz y serenidad. Entablamos una importante amistad con una gran atracción física, que ninguno de los dos podíamos evitar, cuando todo parecia marchar bien, recibí un comunicado en el que nos informaban que seríamos trasladados con la intención de invadir china. Cuando se lo conté, sus lágrimas se me clavaron como puñales en el corazón. Odio esta jodida guerra y odio a quienes la defienden, ojalá nada de esto ocurriera, a veces, me dan ganas de hacer como aquel soldado de la Alianza Rebelde, tirar mi uniforme y encontrar la paz y el descanso.



Un saludo vuestro hijo Dimitri Tokoyev.



Licencia de Creative Commons
Cartas de guerra by Alberto Leiva Pallares is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

viernes, 2 de julio de 2010

"Cartas de guerra 2"

"Carta de un civil"

Querido hermano, hace ya tres semanas de la ocupación Rusa. Yo sigo viviendo en casa de nuestros padres. Ayer vi a los Stinson, parece ser que han capturado al hijo mayor, a John. Según ellos pertenece a la Alianza Rebelde (AR). Se lo llevan a un campo de concentración, posiblemente no salga de allí con vida.

No sé nada de Marie, me estoy empezando a volver loco. Hace un mes que nos prometimos y desapareció. Nadie sabe nada de ella, lo único que encontré fue el testimonio de la señora Wolstein, la de la frutería. Dice que se la llevaron los de las Soviet Korps (SK), por no hacer el saludo al pasar ellos por delante. Desde ese día no se nada.

En la última carta no te lo dije pero está embarazada, ¡vas a ser tio!. Si le hacen algo no se como responderé, aquí las cosas están muy mal. Apenas hay comida en los supermercados y en las tiendas, las listas de deudas son enormes.

Tú, ¿que tal estás en el frente?, Jamás olvides que estamos contigo. Decirte que no recibimos una carta tuya desde hace un mes. Si necesitas algo nosotros te lo enviamos, aún nos queda algo ahorrado.

A las afueras de la ciudad los rusos han colocado una alambrada. Creo que quieren rodear toda la ciudad y así crear un gran campo de concentración para que ninguno nos escapemos. Por las noches continuan las patrullas, ya no diferencian, disparan si alguien les mira mal o les hace un mal gesto. Esto se esta convirtiendo en un auténtico infierno.

Aun que no lo confirman, supervisan el correo, pinchan el teléfono y controlan nuestras cuentas del banco. El cartero es el de siempre el señor Westler, nos dijo que tiene un contacto a las afueras de la ciudad que lleva las cartas a los infiltrados de las Alianzas Rebeldes que se encargan de sacarlas de los dominios rusos.

Sin más querido hermano, esperamos noticias tuyas, un saludo tu hermano Martin.


Licencia de Creative Commons
Cartas de guerra by Alberto Leiva Pallares is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

jueves, 1 de julio de 2010

"Cartas de guerra"

"Carta de un soldado"


No se si alguien leerá algún día esto que voy a escribir, no es más que la despedida del último soldado de la alianza rebelde. Hace dos años no era mas que un chico de 16 años que trabajaba en el taller de su padre, algo honrado con que ganarse la vida, tenía todo lo que podía desear, ahora no me queda nada más que un cargador para mi M4, atrincherado en un piso. Rodeado por los soldados enemigos ansiosos por darme caza como a todos mis compañeros. Escucho como cantan, sus botas retumban en el suelo, disparan a las ventanas entre carcajadas.


El cuerpo del sargento Thompsom está en frente mía, sus ojos están apagados su rostro pálido con un tiro en la cabeza de algún francotirador. Estábamos planeando una escapada en grupo por la puerta de atrás pero los tres ya están muertos, el soldado Miller quedó en la segunda planta reventado por una granada. El soldado Standley está en la escalera, una bala le seccionó la arteria femoral. El sargento Thompson y yo intentamos salvarle pero todo fue en vano.


Si esto les llega a mis padres, decirles que no estén tristes, que su hijo ha luchado con fuerza y con honor por salvar nuestras tierras, aunque quizás ya no estén vivos. Hace tiempo que nosotros cuatro perdimos contacto con el cuartel general. Nuestro pelotón se vio roto por la mitad, dividiendo las tropas y posteriormente matando a casi todos.


A mi derecha y a mi izquierda tengo dos ventanas, me levantaré e iré a la puerta principal abriré la puerta, saldré y alzare las medallas con los nombres de los cuatro.


En este último momento quiero estar tranquilo, se que voy a morir y que nada me salvará, solo me queda morir con honor. No pienso disparar a nadie más en esta jodida guerra, mis manos ya se mancharon suficiente de sangre. Pagaré por ello en el infierno.



Hasta siempre camaradas Soldado de infantería del tercer pelotón

Richard Stilson



Licencia de Creative Commons
Cartas de guerra by Alberto Leiva Pallares is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.