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sábado, 3 de julio de 2010

"Carta de guerra 3"

"Carta de un soldado Ruso"


Queridos padres, espero que todo vaya bien por Perm y que no os falte de nada. Os escribo esta carta para que sepáis nuestros avances y que vuestro hijo, Dimitri Tokoyev sigue vivo.


Llevamos un mes en Londres, hay muchas de las cosas que se hacen, que soy contrario a ellas pero ya sabéis que o sigo en esto o me fusilan por traicionar a la madre patria.


No soy capaz de olvidar algo que pasó en la primera semana. Desde el hospital de campaña pude ver a tres soldados del cuarto pelotón que traían a una chica francesa, dijo que se llamaba Marie, morena de pelo rizo, su mirada era dulce e inocente, delgada y humilde. Ellos la retuvieron con la escusa de no realizar el saludo al pasar ellos por delante. Entre risas y alcohol violaron a la pobre chica, la golpearon y finalmente la mataron. Pude ver por la noche que habían tirado el cadaver a una fosa donde había otros cuerpos considerados de "traidores a la patria", "espias"y los más odiados, "miembros de la Alianza Rebelde".


Días posteriores escuche decir a Yokosev, uno de los tres, que la "puta francesa no dejaba de gritar que estaba embarazada", no lo pude evitar entre en cólera y le di un puñetazo, como alguien puede llegar a cometer tal burrada y verse respaldado por sus compañeros.


Al día siguiente era como si no hubiera ocurrido nada, tuvimos que ir al norte donde había una fuerte resistencia por parte de la Alianza Rebelde. Al llegar allí las ordenes fueron claras, avanzar y dividir las tropas enemigas creando confusión, además de disparar sin perdón y sin compasión, el que no lo hiciera así, sería ejecutado por "traicion a la patria".


El enfrentamiento fue duro, los soldados no paraban de solicitarme, al grito de - ¡Doc ven enseguida! -. Después de atender a dos soldados con heridas leves, me sorprendí al ver tirado sobre el suelo al soldado Yokosev Marchtok, con una herida de bala en el pecho, rogando que por favor le salvara la vida. A mi memoria vino la mirada de la joven francesa a la que el y sus dos compañeros habian violado y matado, mientras ella pedia clemencia y que la dejaran volver a su casa. No pude hacer nada en cuestión de pocos minutos dejo de respirar, la pérdida de sangre era tan rápida y abundante que no me dio tiempo a abrir el maletín.


Dos días más tarde sucedió algo que jamás olvidaré en mi vida. Estábamos rodeando un edificio en el que había cuatro soldados de la Alianza Rebelde, tras lanzamientos de varias granadas y varios disparos, la resistencia había cesado, los gritos de dolor de algún herido se podían escuchar a varias manzanas. Mis camaradas comenzaron a golpear sus botas a modo de tambor y cantarles a los posibles supervivientes que su muerte estaba próxima, sus cabezas serían arrancadas y devoradas por perros.


Tras unos minutos vi lo mas heroico y valiente que se puede esperar de un guerrero cansado de luchar, ansiando el descanso que había olvidado ya tras tres años de guerra. Un soldado de la Alianza Rebelde, abrió la puerta y salió completamente desarmado, rápidamente todos mis camaradas empuñaron sus fusiles y le apuntaron. Alguien gritó -¡Muere escoria!-, y las armas comenzaron a dispararse, atravesando al soldado que cayo fulminado en el suelo.


Me acerqué corriendo y comprobe que en su cara tenía una leve sonrrisa, alzó su mano y en un último suspiro me entrego un papel doblado sobre si mismo varias veces. Al abrirlo comprobé que se trataba de una carta de despedida, escrita minutos antes de ser ejecutado.


Varios días mas tarde fui trasladado al hospital del campamento base, donde conocí a una enfermera llamada Jessica, pelirroja, metro setenta de estatura y de complexión normal. Sus ojos eran azules con cierto tono grisaceo. Su sonrrisa transmitía paz y serenidad. Entablamos una importante amistad con una gran atracción física, que ninguno de los dos podíamos evitar, cuando todo parecia marchar bien, recibí un comunicado en el que nos informaban que seríamos trasladados con la intención de invadir china. Cuando se lo conté, sus lágrimas se me clavaron como puñales en el corazón. Odio esta jodida guerra y odio a quienes la defienden, ojalá nada de esto ocurriera, a veces, me dan ganas de hacer como aquel soldado de la Alianza Rebelde, tirar mi uniforme y encontrar la paz y el descanso.



Un saludo vuestro hijo Dimitri Tokoyev.



Licencia de Creative Commons
Cartas de guerra by Alberto Leiva Pallares is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

6 comentarios:

  1. es triste, pero me gusta*

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  2. Da que pensar, cuando la lees te das cuenta de lo que la miseria humana nos puede llegar a hacer....Bravo Alberto... bravo!

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  3. gracias por leerla, a mi me pasa lo mismo me da mogollon de pena, la estaba escribiendo y me estaba dando un chungo jajaja

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  4. No está mal, me gusta la intensidad, pero creo que le debes de dar mayor profundidad..

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  5. Como suele pasar........
    Empiezas a escribir y te sale algo, luego, lo segundo que escribes mejora lo anterior y así sucesivamente.
    Esta me ha encantado y siento ser pesada, pero me gusta saber mas de los personajes.
    Un abrazo.
    Marisol

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